lunes, 30 de junio de 2008

Esperas



La vida podría conjugarse con tres infinitivos: ir, venir y esperar. Por el camino intentamos encontrar, o bien sortear, el resto de verbos. Al final de la vida acude irremediablemente el que más tememos. Ése que nos convierte en participio.

Los infinitivos habituales cobran especial sentido en estos tiempos de viajes y latencias, de vacaciones y descansos, de idas y venidas. Y también de esperas. Se espera mucho y en todas partes. Se espera con ilusión la llegada de viajes, sueños y buenas noticias. Y se espera con fe el final de los sacrificios, las pesadillas y las malas rachas. Se espera entre multitudes y en la soledad. Los calendarios y los relojes miden las esperas con precisión, pero no hay artilugio que permita hacerlas más cortas.


No desespera el que espera. Sólo aquel que pierde la esperanza.

Para acortar la espera decidió matar el tiempo, pero no llegó ni a herirlo levemente.

Contaba nubes y emparejaba calcetines. Siendo tareas infinitas, permiten gastar todo ese tiempo desquiciantemente largo de que están hechas las esperas.

A la espera le acompañan, a menudo, la incertidumbre y la preocupación. Entonces, el dicho no sirve. La ausencia de noticias es, por encima de todo, una putada.

Al tiempo le gusta llevar la contraria. Discurre lenta y pesadamente durante las esperas, y se esfuma veloz cuando se presenta lo que esperábamos.

Todas las esperas son largas por definición. Si la espera parece corta es que sólo era un rato perdido.

No hay tiempos muertos. Como mucho se nos avería el reloj.

Creer que se puede congelar el tiempo es de ilusos, sobre todo en los climas cálidos.

Lo mejor de la espera siempre es el final.

lunes, 23 de junio de 2008

Vergüenzas y sueños

La Europa de la euforia nacional-futbo-etílica anda exhibiendo estos días banderas y ridículos espectáculos de exaltación patria, mientras vulnera con la misma estúpida cerrazón y estrechez de miras los derechos de esa amplia población que ha venido a buscar una oportunidad y una supervivencia algo mejor que la que tienen en sus países de orígen. La directiva de la vergüenza (sólo se me ocurre ese nombre), aprobada por aplastante mayoría en el Parlamento europeo, permite mantener detenidos a los inmigrantes sin papeles durante 18 meses. Después de semejante despropósito, los mismos políticos se habrán puesto, satisfechos, a menear sus respectivas banderitas y a ver partidos de fútbol. Y tan contentos.

Poca conciencia , poca memoria, y mucha vergüenza. No hace mucho, nuestros padres y abuelos buscaron ayuda, cobijo y porvenir en algunos de esos países de los que ahora llegan tantos ciudadanos que, lejos de ser acogidos, serán sencillamente privados de libertad. Y la cuota de vergüenza local la pone el gobierno propio con esa ley que se anuncia para limitar la agrupación familiar, que va a separar cruelmente tantas vidas, ya de por sí marcadas por la dificultad. Lo que menos me apetece estos días es aguantar tanta bandera tamaño ego nacional, tanto "podemos", y tanto símbolo de algo con lo que, sinceramente, me identifico más bien poco. Y después de las políticas que se perpetran, aún menos.

Me apetece más, bastante más, soñar con otro mundo en el que se diera la bienvenida a los visitantes, se les tendiera una mano y se les dijera que ésta también es su casa, si es que hay casas de alguien, como canta Jaume Sisa en "Qualsevol nit pot sortir el sol" (Cualquier noche puede salir el sol). Puedo parecer ingenua, infantil e inocente como esa preciosa canción, pero esa música me gusta mucho más que los himnos que últimamente no paran de sonar.

Jaume Sisa - Qualsevol nit pot sortir el sol



Mi niño también la canta, porque en el cole les han enseñado la canción y, también, que hay que dar la bienvenida a los que llegan de fuera. ¿Es que los parlamentarios europeos no fueron al colegio?
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"Oh, bienvenidos, pasad pasad, con la tristeza haremos humo. Mi casa es vuestra casa si es que hay casas de alguien (...)
Oh, bienvenidos, pasad pasad, ahora ya no falta nadie, o quizás sí… ya me doy cuenta… que tan sólo faltas tú. También puedes venir si quieres, te esperamos, todo el mundo cabe aquí. El tiempo no cuenta, ni el espacio…porque aquí, cualquier noche puede salir el sol".

jueves, 19 de junio de 2008

Idas y vueltas

Los aeropuertos y las estaciones son como cámaras de descompresión, transición inevitable entre la sed de viajar y la resignación del retorno. Lugares de paso. Inicio y final de trayecto donde se respira la ilusión o la melancolía en función de si se va, o se regresa.

Los aeropuertos y las estaciones son como puzzles gigantescos de piezas que no encajan. Se mezclan colores de piel y estaturas dispares, botas de invierno y chanclas playeras, ejecutivos de corbata y maletín y sombreros mejicanos, burócratas del viaje y entusiastas de mochila y saco de dormir, profesionales del ir y venir y seres capaces de maravillarse con las cintas transportadoras de maletas...

En los aeropuertos, como en las estaciones, se condensa la amplia gama de emociones que los humanos somos capaces de desplegar: la rabia por el retraso, el gozo por la partida, la impaciencia por la espera, la preocupación ante lo desconocido, la solidaridad con el improvisado compañero de cola, la curiosidad por las vidas ajenas que nos rodean... Un microcosmos de sensaciones tan variado como efímero, que se desvanece tan pronto como nos embarcamos o cruzamos la puerta de salida. Un mundo que gira en paralelo al nuestro y al que sólo acudimos esporádicamente. Siempre de paso.

Pero el viaje, como dice Saramago, no termina jamás.

"El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración. El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje."
(José Saramago. Viaje a Portugal)


El ababol

Le vio partir y cuando su siuleta se perdía por la línea del horizonte sonrió al recordar que la Tierra es redonda.

martes, 17 de junio de 2008

Verde

Lo más impactante del Norte es el contraste. Justo detrás de un alto edificio de pisos emerge el monte. Parece que estés viendo esos decorados superpuestos de las obras de teatro de aficionados que esperan a que llegue su turno para ambientar la escena adecuada. Pero, allí, los más diversos decorados conviven simultáneamente como algo normal, porque comparten de manera permanente el mismo escenario. Y eso es lo que más sorprende al que llega: esa capacidad para combinar opuestos con naturalidad. Los opuestos se ven, cara a cara, en el margen izquierdo y derecho de la Ría. Se miran Guetxo y Santurzi, el puerto deportivo y las barcas de pesca. Se ven, frente a frente, Deusto y el Guggenheim. Y todo lo amalgama el verde. Ese verde tan diferente del escaso y algo mustio al que estamos acostumbrados los que acudimos de visita. Ese otro verde nos obliga a parpadear varias veces para permitir a la retina asimilar tanta potencia cromática. Cuando vuelves al paisaje habitual te parece que alguien olvidó limpiar el cristal por el que se ve el mundo, porque todo tiene un tono más opaco, más apagado y demasiado parecido entre sí. Sin contrastes.

jueves, 12 de junio de 2008

El Norte

Urbasa, Irati, Roncal... nombres y paisajes para soñar y para perderse con la imaginación de camino al Norte.


Illun Ikarak (Anochecer) Imanol y Paco Ibáñez


Agur. Hasta luego

El ababol

El Norte es eso que señalan con precisión las brújulas y las constelaciones y que aún así nos cuesta encontrar.

martes, 10 de junio de 2008

No pienso hacer una puñetera cola

No sé si me da más pereza lo de la Eurocopa o lo de la huelga de transportistas y las colas de racionamiento. Aunque ambas cosas tienen solución: no poner la tele, especialmente aquellas cadenas que se disfrazan de color y fervor patrio con la excusa del fútbol, y quedarme en casa cuando se me acabe la gasolina. Me resulta tan cansado lo del "a por ellos" como lo de sumarme a la psicosis y la cola para acaparar, como si estuvieramos en una situación pre-bélica. La cosa es cíclica. Cada equis tiempo, sobreviene la amenaza del "esto se acaba". Debe ser para que nos convenzamos de lo bueno que es "esto".
Lo arreglarán justo a tiempo para que nos quedemos satisfechos con nuestro sistema de consumo y de vida, temiendo las consecuencias si un día se quebrara. Y pa'lante, como los burros. Pues no. No haré una puñetera cola, ni me invadirá el síndrome de acaparación masiva, ni el del sálvese quien pueda. Ni el quítate tu para ponerme yo... Lo peor que puede pasar es que nos quedemos aislados en casa comiendo el pienso del gato. Y a leer, que con lo del fútbol en danza, mejor no tentar la suerte poniendo la tele. ¡Poco bien!.

sábado, 7 de junio de 2008

Una amiga

C. es mi amiga. Amiga de verdad. Como en todas las relaciones en que los sentimientos son de verdad, con una amiga no hace falta fingir felicidad ni bienestar. No es necesario ser brillante, ni demostrar agudeza, ni estar estupenda, ni ir por ahí regalando sonrisas profident. Las amistades de verdad se distinguen enseguida porque saben escuchar, hacerse a un lado y dejarte el primer plano cuando el ego anda tocado. No juzgan, comprenden y siempre están ahí, aunque vivan a varios centenares de kilómetros de distancia.

Cuando tienes una amiga de verdad sabes detectar las señales de socorro, los mensajes de auxilio, la necesidad de ayuda. Comprendes, a menudo sin hablar, que tiene el alma faltada de cariño. Como en todas las relaciones sinceras, los sentimientos son de ida y vuelta, así que no hay altruísmo, sino necesidad y egoísmo, del bueno. Pura retroalimentación. Por eso es tan fácil reconocer una amistad de verdad. Por eso, dentro de unos días, me iré a Bilbao, a ver a mi amiga.

If it be your will. Leonard Cohen

domingo, 1 de junio de 2008

Ziel

Habemus gato. Otra vez. Este más tranquilo que su predecesora, que aunque a veces parecía una bestia parda, también se hacía querer. Dos meses tiene el animalico. Sí, me resistía por lo de las obligaciones, pero no siempre se puede negar todo a un pre-adolescente, buen chaval, buen estudiante, que hace días que sabe que no habrá Psp ni messenger y lo tiene asumido. Así que ha venido Ziel, que es como le hemos puesto de nombre porque tiene unos ojos azules preciosos y además lo es, un cielo.

Andamos todos de cabeza detrás de él riéndole las gracias. Mucho más majo que las maquinetas de marcianitos ésas y sin efectos nocivos para los críos, más bien lo contrario. Sí: cacas, piedras, piensos, vacunas, veterinario y dónde lo dejamos cuándo nos vayamos, pero le ves los ojicos y parece que se esfuman los inconvenientes. Y encima, cuando queremos -y se deja- acariciamos y tocamos el ziel...

Por supuesto ya tiene carpeta propia en "mis imágenes"