sábado, 30 de agosto de 2008

Nómadas de low cost

Nunca me ha gustado mucho ir en avión. Lo tolero, simplemente. La atmósfera de psicosis generalizada y la lluvia de noticias de aviones que no salen, que hacen aterrizajes de emergencia o que se averían y se retrasan (cosas que siempre han pasado pero que ahora son noticia, aprovechando el ambiente proclive) no contribuye a que lo de subirme a un avión me haga especial ilusión. Pero lo volveré a tolerar y en unos días me subiré a uno de ésos de una compañía de supuestos precios tirados. Supuestos porque después de sumar tasas, facturaciones, seguros y todo lo que se les ocurre, no lo son tanto. Menos mal que, de momento, no cobran por embarcar los pensamientos, las emociones, los planes, las ilusiones, los recuerdos... todas esas cosas que también se van de viaje y sin facturar. El día que lo hagan me hunden con el recargo por exceso de peso.



Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad,
en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados,
entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan.
Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo
la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino.
Largo el tránsito de la aparente dualidad,
la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto
y los lamentos de la soledad aún se prolongan.
Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento,
y me iré de la ciudad, esperando un nuevo despertar.
Los viajantes van en busca de hospitalidad,
en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad,
y después duermen sobre las almohadas de la tierra.
Forastero que buscas la dimensión insondable,
la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino.

(Nómadas. Franco Battiato)

martes, 26 de agosto de 2008

Aprender

El pequeño cumple hoy cinco años. Toda la mano entera, con los deditos bien extendidos para que ocupen más. Así nos los enseña orgulloso. Toda la vida por recorrer. Una querría que el trayecto fuese grato, sin penas ni contratiempos. Pero no se puede vivir sin dolor. No se lo podré evitar. Vivir, sin embargo, permite conocer todas las emociones que él tiene a su alcance. También las más hermosas, las más placenteras, las más gratas. En realidad, sí se puede intentar vivir sin dolor: con anestesia, pero entonces se neutralizan el resto de sensaciones. Y vivir anestesiado, o hibernando es lo más parecido a no vivir, a estar muerto. Yo espero y deseo que él viva plenamente y que logre encontrar muchos ratitos de felicidad, esos que a veces la vida nos ofrece. Que los sepa aprovechar y recordar, también felizmente, cuando ya no los tenga para volver a disfrutarlos, aún más si cabe, cuando se presenten nuevamente.

Vivir es un no dejar de aprender. Y él ahora empieza con las primeras lecciones. Pienso en ello mientras encorre despreocupado al pobre gato, y disfruta como un mono de cualquier cosa: la playa, los columpios, los dibujos, o soplando las velas de su pastel. La viva estampa de la felicidad. Contagiosa. Me aguanto la risa cuando dice que los guardias humanos ponen muchas multas o que le gusta Barman ( su superhéroe favorito, el de los murciélagos). Me aguanto la risa y retengo el momento feliz. Algo he aprendido ya.


En el cementerio:
-Mamá, ¿a que no me pillas?


La vida y la muerte en el mismo escenario. Todo anverso tiene su reverso. Pero lo primero no existiría sin lo segundo, y viceversa.



Aprendre que res no acaba
si dintre meu abans no acaba,
que el sol no es pon sense tornada
si en el teu cor esclata l’alba.

___________

Aprender que nada acaba si dentro de mí no acaba antes
que el sol no se pone sin volver, si en tu corazón estalla el alba.
Aprender que la esperanza es mentira si no hay cada día un esfuerzo por el nuevo mañana.
Aprender a amar la vida cuando la vida hace daño.

Aprender que si un niño mata, mi mano no es demasiado extraña,
qué triste es, si un niño mata, allá y aquí, muere la ternura.
Aprender que quizás esta tristeza es sólo un refugio para no decirse a uno mismo que está tan triste, porque es tan necesario, estar tan triste.

Aprender a amar la vida y que nada acaba si tú no quieres
el sol se pone y siempre regresa si el alba está en tu corazón.

Aprender que con certeza nada tengo si tú no me lo das.
A hacer que el corazón siempre se conmueva con el frágil gesto de la belleza.
Aprender que soy sólo si existes y es esta medida la que quiero y me define.
Aprender para saberse desprender, he aquí el viejo secreto.

Aprender...


(Aprendre, Lluis Llach. Del disco "T'estimo", 1984)

jueves, 21 de agosto de 2008

Condición humana

Las tragedias sacuden nuestros instintos, los más primarios, los de conservación y supervivencia, la propia y la de los más cercanos. Cuando tenemos noticia de un suceso dramático, como el desastre aéreo de Madrid, resulta inevitable repasar mentalmente fechas, vuelos y viajes de aquellos que nos son más próximos. Son segundos, o tal vez minutos de pánico y desazón hasta que se van descartando destinos, itinerarios y aeropuertos. Recuperamos entonces la tranquilidad, y cuando comprobamos que, no, que es imposible definitivamente que ellos estén entre las víctimas, sentimos una impúdica y vergonzosa alegría en medio de tanto desastre y tanta vida destrozada. Pero no era nuestra vida ni la de los que más queremos. La preocupación y el alivio, la desgracia y la fortuna coinciden y envuelven la misma tragedia. Después vendrá la solidaridad con el dolor de los desconocidos, sentida y real, pero será después.

El instinto de conservación y la permanente contradicción , inherentes al género humano, se abren paso sin disimulo en situaciones límite. ¿Pero puede alguien reprochárnoslo?. Quizás no haya nada más coherente que comportarnos de acuerdo con nuestra propia condición y especie. Con nuestras contradicciones y sin heroicidades. Simplemente humanos.

jueves, 14 de agosto de 2008

Despertar

Pelín temprano era cuando me he echado a la calle, con las primeras luces del alba. Cuando el sueño, en singular, se acaba poco hay que hacer. Por suerte, los otros sueños, en plural, no nos abandonan aunque estemos despiertos.

martes, 12 de agosto de 2008

Mirar para otro lado

Este agosto, brincan, corretean y chapotean, unos, y lo ven por la tele, otros, y entretanto el ánimo destructivo que siembra calamidad y desastre no se detiene. Las bombas caen sobre la población en el Cáucaso y ya ni me interesa entender el conflicto, si es que cosas así pueden tener explicación. Solo percibo que hay quienes deciden salvaguardar fronteras, patrias y honores a base de matar a centenares y miles de personas y que allí donde seguramente había miseria ahora sólo hay más miseria y mucho duelo. No tengo claro que en las guerras haya simplemente buenos y malos. Lo que sí hay seguro son víctimas (muertos, heridos y desplazados) y sus verdugos (generalmente, mandatarios respetables reconvertidos en asesinos).

Pues nada, que sigan brincando, correteando y chapoteando, unos, y viéndolo los otros. Los de las organizaciones mundiales que deben velar por la paz en el mundo deben estar también entretenidos este mes porque no les veo muy aplicados en resolver el desastre. Y la humanidad en general también parece algo aletargada y no noto yo la reacción que no hace mucho provocaban los excesos de China con el Tibet. ¿Es que hay calamidades y muertos más importantes y más mediáticos que otros?. Diría que la muerte y la desgracia duelen igual en todas partes y en todas las épocas del año.

Por el momento -espero que sea cierto el anuncio ruso de hoy mismo de acabar con los ataques- los bombardeos han dejado varios miles de muertos civiles, aún sin precisar, y unos 100.000 desplazados, según el Acnur.

FOTO: Diario Público



¿Cómo mirar para otro lado?. Las guerras son eso: miedo, destrucción y muerte. Y aunque acaben dejan un reguero de dolor y miseria que perdura mucho tiempo.

domingo, 10 de agosto de 2008

Un año cosechando moras en el barzal

Las fechas en sí no tienen demasiado valor, aunque sirven de excusa para recordar situaciones, momentos y estados de ánimo. También valen para hacer eso que se dice balance del tiempo transcurrido entre una y otra fecha. Compruebo que ayer hizo un año que colgué la primera entrada en este blog. Supongo que por necesidad de expeler: neuras, inquietudes, alegrías, y penares. Por darle a la cabeza y después hacer el esfuerzo suplementario de redactarlo y darle un formato y una estética. Resulta entretenido y mentalmente bastante higiénico.

Aunque un año da para mucho y por estos barzales ha habido de todo: moras dulces y jugosas, pero también amargas. Moras en confitura, y otras simplemente trituradas, sin más aditivos. Pero siempre ha habido moras, porque las barzas -como se sabe- son hierba resistente y crecen en cualquier parte, incluso en las casas caídas y en los caminos abandonados.

Lo más grato ha sido, sin duda, conocer virtualmente a gentes y sus inquietudes. También, saberse apreciada, despertar suficiente curiosidad ajena como para ser leída, aunque sea sólo por unos pocos, y sentirse tratada con amabilidad. Con eso no contaba y eso es altamente agradable. Sin más pretensiones, una se pone a regurgitar lo que le sienta mal o a eructar lo que le sienta bien con la noble intención de hacerlo sinceramente, porque si no, ¿pa qué?. El día que escriba algo que no pienso o no siento habrá llegado el momento de darle al delete. Aunque, obviamente, no escriba todo lo que pienso o siento, porque algo hay que guardarse para los adentros.

Lo del blog sirve también como método de exploración. Muy importante, porque vas por ahí viendo y leyendo otros pensares y otros sentires. Suele pasar que hallas afinidades recurrentes y acaba siendo imprescindible visitar diariamente, o esporádicamente, sitios ajenos que ya no lo son tanto. Un pequeño-gran placer que me permite mirar y admirar constantemente. Leer y releer y acudir expectante a esas capsulitas de fescura, compromiso, sentido y sentimiento, y tantas otras cosas que encuentro y que me permiten llegar a la conclusión de que hay gentes con cabeza y sensibilidad que escriben sus cosas y las orean sin complejos por este mundo cibernético. Pienso, entonces, que no debe ser tan malo hacerlo... incluso seguir haciéndolo, al menos hasta que lo siga pidiendo el cuerpo. Y la cabecica, claro.

Ahora, como hace un año:

Despacio, entre las ruinas,
cosecharé en el barzal
moras como sus ojos,
dulces hasta rabiar

(de "Mermelada de Moras". La Ronda de Boltaña)

La Ronda siempre rondando en el corazón del Barzal. Este trocito del final de “Mermelada de moras” lo canta Maria José Hernández. Una delicia.

¡Salud y besos!

miércoles, 6 de agosto de 2008

Distancias

Según la leyenda urbana y la teoría ahora presuntamente probada por Microsoft, dos individuos cualesquiera están conectados entre sí por no más de 6,6 grados de separación, es decir, que son necesarios siete o menos intermediarios para relacionarlos. (Leer más información aquí)

Vamos, que según eso estamos a bien poca distancia de relacionarnos con el Papa de Roma o la Reina de Inglaterra. La verdad es que no le veo utilidad ni al estudio, ni al hecho de estar a 7 pasos de tales individuos. ¡Si yo me conformaría con ver a algunos que sólo tengo a uno o dos!. Puede que sea cierto que estamos más cerca unos de otros de lo que parece, pero también lo es que hay distancias muy cortas que parecen enormes, casi se hacen infinitas.

A pesar de las distancias, hay cosas que todos podemos ver y compartir cada día, aunque sea en momentos y desde ángulos diferentes. El sol empezaba a brillar así de hermoso esta mañana en Tarragona.

domingo, 3 de agosto de 2008

Los vivos deberían poder vivir y los muertos poder morir

Hace 16 años que Eluana Englaro se encuentra en estado vegetativo. Tras muchas batallas judiciales su padre consiguió que el Tribunal Supremo italiano dictara una sentencia que permitía desconectarla de las máquinas que la alimentan artificialmente y que hacen que siga respirando, aunque esté muerta cerebralmente. Pero el Parlamento italiano, de mayoría de centro-derecha, la fiscalía y las presiones del mundo católico intentan impedirlo. Ahora el caso se ha convertido en un auténtico embrollo político y judicial que sólo tiene una víctima: el padre de Eluana y la propia Eluana. (Leer aquí información del El Periódico)

Todo ello mientras el integrismo católico hace del caso una auténtica fiesta reivindicativa de sus más rancios y crueles postulados: negar el derecho a morir dignamente, incluso a los que ya hace tiempo que murieron, como Eluana. La Iglesia sabe, como pocos promotores de acontencimientos mediáticos, vender sus campañas, y en relación a este caso no se ha quedado atrás. Ante la catedral de Milán, se acumulan centenares de botellas de agua que se ha invitado a dejar a los ciudadanos "buenos" para "alimentar" simbólicamente a Eluana. Su padre ha declarado que después de 2008 años, la Iglesia debería saber cuándo es el momento de parar ante el derecho inviolable de morir de una persona. Pues continúan sin parar.


Foto:AFP / Giuseppe Cacace

Casi 29.000 niños menores de cinco años mueren cada día en el mundo por malnutrición y enfermedades en gran medida previsibles. ¿Dónde está el integrismo católico y sus campañas mediáticas para evitar que muera uno sólo de esos niños?. ¿Dónde están las botellas de agua para ellos?

El ababol

No. No creo que vaya al cielo. Tampoco me importa. Lo del cielo que prometen las religiones viene a ser como los apartamentos de multipropiedad: nadie los ha visto y lo más probable es que sea una estafa. Prefiero ese otro cielo que, en ocasiones, logramos tocar en este mismo mundo gracias a seres de carne y hueso.

viernes, 1 de agosto de 2008

S'ha feito de diya




Sí, quizás no ha habido mucha suerte con el sueño: el calor, los niños, el gato, las musarañas... pero s'ha feito de diya. Ha salido el sol y le ha puesto colores al cielo. Uno de esos días que empiezan dentro de un campo de fresas, nadando en una piscina de flan y yogur natural...