lunes, 29 de septiembre de 2008

Más allá de la Corona

Más allá de los territorios de la Corona (de Aragón), se extiende la España profunda, muy profunda. Casi honda. Y la España llana, muy llana. Casi infinta. Todo planicie amarillo-cereal. Otro mundo, y no sólo por el paisaje. Cuando voy por la España honda e interior, más que de otro país me parece que soy de otro planeta. No sé, de Urano. Un poner.

En todos los planetas hay bellos amaneceres
(Afueras de Cáceres)

martes, 23 de septiembre de 2008

El momento

Llovía, a ratos. Pero ahí estaba el momento. Por primera vez, los dos: el mayor y el pequeño, contemplando juntos las bestias de fuego, los cabezudos, los gigantes, los bailes... Cuando el mayor era pequeño, el pequeño aún no estaba. Cuando el pequeño ya estaba, el mayor huía del estruendo, los petardos y el fuego. Así, que superados los temores y la linea que separa el estar del no existir aún, por fin han disfrutado al unísono de las fiestas. Y yo con ellos. El uno gritaba emocionado al reconocer lo que había visto en fotografías en el colegio. El otro rebosaba autocomplacencia al verse capaz de resistir a tan poca distancia las chispas y los trabucazos. Y yo he succionado rápidamente el momento. Me lo llevo de viaje conmigo. Con el resto de equipaje fijo. Ése que va y viene invariablemente a todos los viajes. Los proximos días, en otra ciudad, al otro extremo del mapa, a 850 Kilómetros de ellos, me volveré a desplegar el momento. Al compás del pasodoble Amparito Roca.

He succionado el momento y también lo he fotografiado. Con el móvil. Porque dos niños, tres paraguas y algo de lluvia no dejaban espacio para la cámara.

jueves, 18 de septiembre de 2008

La mejor jugada de Quiquín

Quiquín era nuestro vecino en vacaciones, cuando mis hermanos y yo ya estábamos en la adolescencia y él, aún, en la infancia. Quiquín recorría cada día los escasos 50 metros que separaban su casa de la nuestra con su juego de lógica favorito, el Estratego, bajo el brazo. Se plantaba ante nosotros y con voz inocente y resuelta nos soltaba la pregunta más temida por los cuatro hermanos: ¿Quién quiere jugar una partida?.

Quiquín era un niño espabilado, mucho. Yo diría que muy listo. Y también persevarante, mucho. Diría que en ocasiones nos parecía algo plasta. Pero no nos podíamos negar a jugar un rato con él, porque también era un buen chaval, educado y amable. Tras la fiebre del Estratego vino la del ping pong. Quiquín volvía a hacerse los 50 metros que separaban su casa de la nuestra invariablemente, cada día, durante los dos meses de verano, con su pala y sus pelotas de ping pong. Ahí solía librarme más veces, porque los sacrificados compañeros de juego solían ser mis hermanos. Fueron muchas horas de pelota a un lado y a otro, de torneos y campeonatos. Le daba rabia perder, pero era perseverante hasta el agotamiento. Pasados los años, Quiquín dejó de venir los veranos a nuestra casa, y también a la suya. Veraneaba con su madre y no frecuentaba tanto el que se convirtió en hogar habitual de su padre.

Durante años he sabido más bien poco de él: que estudiaba en la Universidad, que ganaba campeonatos de ping pong, que formaba parte de algun movimiento social en contra de la globalización... Hasta hoy. Leyendo el periódico he visto la foto de Quiquín. No lo hubiera reconocido de no ser porque aparecía también su nombre completo y datos biográficos inéquivocos. Quiquín es Enric Duran, el hombre (ahora ya) que ha "estafado" 492.000 euros a una trentena de entidades bancarias para denunciar el sistema capitalista, reírse de él, hacerlo público y llamar a la desobediencia a todos los clientes atados a hipotecas y demás formas de negocio del poder económico.

Lo ha hecho con inteligencia y constancia, trabando un complejo sistema que incluye la creación de una empresa ficticia y la petición de 68 créditos concedidos en base a documentación fabricada por él mismo. Después lo ha publicitado en una publicación gratuita, consiguiendo una difusión inusitada, y finalmente ha explicado a un sinfín de medios su hazaña y se ha reído del sistema financiero y de aquellos que se frotan las manos a costa de las miserias de los contribuyentes. Leo en las múltiples informaciones en las que Quiquín es protagonista que no teme a la justicia y que no devolverá el dinero, sino que lo destinará a organizaciones no gubernamentales y a movimientos sociales.

Toda una jugada maestra, la mejor del incombustible vecinito. Debo reconocer que hoy me he sentido orgullosa de haber compartido largas horas con él durante muchos veranos, incluso de haberle ganado en alguna ocasión al Estratego.

Quiquín en los medios digitales:

El Periódico de Catalunya
La Vanguardia
El Mundo
Público
ADN
Viquipèdia

lunes, 15 de septiembre de 2008

Volver

Hemos vuelto. El pequeño con ganas de ver a los amigos, estrenar clase, correr, saltar, jugar. Esta mañana, camino del cole, le ha dicho a su padre que estaba emocionado varias veces. A la salida, aún tenía energías para brincar y gritar. El mayor brincaba y jugaba menos, pero estaba feliz por su particular reencuentro con el colegio y los amigos. Su último curso antes de la Eso, el Instituto...

Yo también he vuelto a la rutina laboral. Vuelta al horario, al despertador y al zapato. Adiós a las chanclas, a la playa y al no saber qué día de la semana es. El reencuentro con los compañeros ha sido sincero y feliz, en algún caso, y de trámite en otros, la mayoría. De la planta sólo quedaba el tallo. Creo que ya le puedo dar la extramaunción. Otra más para abono vegetal. Fijo que no han subido la persiana en mis tres semanas de ausencia. Pobres, condenadas a morir a no ser que inventen algún dispositivo USB que supla la radiación solar.

He navegado por los quehaceres laborales con el piloto automático, a pesar de tantos días sin estar a los mandos. Como lo de la bici, no se olvida. Y también he navegado por el más aquí y por el más allá, como siempre, sin motor: vuelo libre, según el viento. Aún con todo, presiento que estos días se me van hacer largos, aunque el sol se esconda antes. La percepción del espacio y del tiempo es voluble, en función del propio ánimo. Cortos desplazamientos pueden parecer viajes interestelares, y las semanas convertirse en una eternidad.

Nosotros volvemos. La playa siempre se queda.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Más vergüenza y menos justicia

Holanda, como la ONU, ha sido eximida de cualquier responsabilidad en la matanza de Srebrenica.

EFE (La Haya)10/09/08
El juzgado de primera instancia de La Haya ha eximido hoy al Estado holandés de responsabilidad en el genocidio que tuvo lugar en la ciudad bosnia de Srebrenica en 1995, según fuentes judiciales.
Los jueces han considerado que Holanda no tiene por qué indemnizar a los familiares de las víctimas que interpusieron la demanda porque los militares holandeses estaban de hecho al servicio de las Naciones Unidas. En el momento de la masacre, el enclave bosnio estaba custodiado por cascos azules holandeses de la ONU, que tenían como misión proteger la ciudad de posibles ataques serbobosnios. El mismo juzgado estableció en otro caso que la ONU contaba con inmunidad en el genocidio de Srebrenica. (Leer más)

Hubo más de 8.000 muertos, la mayoría hombres, pero también mujeres y niños, ejecutados ante la pasividad de quienes debían protegerlos. Hay culpables por acción y también los hay por omisión. Es un nuevo horror ver que no habrá justicia para todas esas víctimas. Todas las víctimas: las ejecutadas y asesinadas. También las que sobrevivieron. Esas que cargan con la memoria permanente del horror y que deben asistir indignadas a tanta vergüenza.



Leo en la web "Srebrenica, la vergüenza de Europa" cosas como estas:
En el año 1945 Europa se conjuró a no tolerar “nunca más” otro Auschwitz. Aun así, 50 años más tarde, el 11 de julio de 1995, su pasividad permitía otro crimen horrible: la masacre de Srebrenica (Bosnia).

El magistrado del Tribunal Penal Internacional, Fouad Riad, describía así aquel genocidio:
“Miles de hombres ejecutados y enterrados en fosas comunes, centenares de hombres enterrados vivos, hombres y mujeres mutilados y degollados, niños asesinados delante los ojos de sus madres, un abuelo obligado a comer el hígado de su propio nieto. Éstas son realmente escenas del infierno, escritas en les páginas más oscuras de la historia humana”.
No puedo evitar pensar en ello leyendo o viendo la noticia (bastante relegada en informativos y periódicos) sobre esa nueva decisión de la ¿justicia? internacional, exculpando a Holanda y a sus cascos azules, del mismo modo que ya fue eximida la propia ONU. Imposible, que dejen de deambular por mis pensamientos las gentes que sufrieron y aún sufren por la última masacre genocida de la "civilizada" Europa. Que piense en esas vidas que, aunque laten, lo hacen con dificultad y con el horror y el dolor aún incrustado en el cuerpo. Ésas vidas que tan bien supo retratar la directora Isabel Coixet en su conmovedora película "La vida secreta de las palabras". Hay muchas Hannas con cicatrices profundas que sobreviven al horror, o lo intentan. No deberíamos olvidar, aunque lamentablemente el género humano sea de memoria frágil.

lunes, 8 de septiembre de 2008

A place in the soul

En alguna cadena de la televisión inglesa, no recuerdo cuál, emiten un programa que se llama "A place in the sun" (un lugar en el sol) en el que parejas británicas, básicamente de jubilados, visitan casas en venta que una agencia les muestra, con la característica común de estar en algún lugar soleado y a no mucho tiempo de vuelo de las islas británicas. Son, básicamente, casas, chalets, apartamentos, etc., del sur de Francia y sobre todo de España. Todo lo encuentran lovely: el "patio", el little garden, el huertecito, la piscina comunitaria, incluso el secarral circundante, siempre que haya un poco de sol. Eso que tanto escasea en su lugar de origen. Los he llegado a entender y he vuelto a casa pensando que, efectivamente, lo de aquí es lovely, también. He disfrutado con el verde del paisaje, con los árboles y los jardines frondosos y espectaculares que hallas por cualquier rincón de Inglaterra. Todo éso que he podido ver a cambio de sólo unos pocos días de lluvia. Ellos, por el contrario, lo ven a diario pero llevan viendo llover toda la vida. Lógico que quieran un lugar en el sol.


Cuando se es de biorritmo fácilmente maleable por la meteorología (es mi caso), lo de la lluvia constante y lo de no ver el sol se asume con deportividad y como algo typical cuando se está de vacaciones. Pero la perspectiva de tener un clima así, de forma permanente, resulta bastante insoportable. De los viajes te traes reflexiones obvias y constataciones ya sabidas como ésas. También vuelves con bellos recuerdos: paisajes preciosos, ciudades encantadoras, otras cosmopolitas, edificios únicos... esas cosas que siempre se pueden revisitar en formato digital o en papel gracias a las fotografías. Hay otras, sin embargo, que no pueden captarse con una cámara, por buena que sea: la emoción por el reencuentro con las personas que quieres, las risas, viajar apretujada entre tres niños en el asiento trasero de un coche comiendo gominolas de ositos, cenar exquisitamente en un lugar encantador en pleno condado de Kent con buena compañía y oyendo de fondo cantar a Carmen París, ir en tren a Londres con tu hijo, simplemente, a ver y a pasear, y a compartir juntos un día tan agradable y rico como agotador... Todas esas cosas también se traen de vuelta, aunque no se pueden enseñar y compartir como las fotos y, difícilmente, se pueden describir con palabras, aunque lo intente en un post. Esas cosas se sienten en el momento y después se guardan en algún lugar del alma (a place in the soul) al que se debe acudir a menudo. Tan necesario como ver el sol.

En Camen's, en Canterbury, te sirven exquisito alimento para el estómago y para el alma. Con encanto, mucho cariño, y a muy buen precio.