viernes, 27 de febrero de 2009

Somos aunque no nos miren

Hay que leer a Chorche de Purnas (así como un deber placentero, pero deber) por muchas razones. Por cómo explica, describe y analiza, siempre de la mano del rigor. Porque lo hace con un necesario espíritu crítico que a tantos abandona en esa profesión suya, en otro tiempo mía. Por su compromiso. Porque sabe un huevo de la cosa ésa de las tecnologías de la información con la que intentamos pelearnos muchos com más o menos éxito. Porque nos enteramos de tantas cosas... Pero sobre todo, porque cuando escribe desde dentro lo que personalmente le sugiere lo de afuera, le salen cosas hermosas que querrías haber dicho tú, tal cual, con esas palabras, con ese sentido y con ese punto exacto de razón y emoción. También de rabia. Por eso se debe leer a Chorche siempre y, naturalmente, también este post que dejo enlazado:

El futuro que nos dejan. Jorge Romance. www.purnas.com


"Somos aunque no nos miren", dice Chorche. Sí, yo los veo, los busco en la red y los leo a diario. A todos esos que piensan, sienten y proceden de otro modo: más sabio, más emotivo, más abierto, más comprometido, más creativo, más respetuoso... Y los tengo aquí mismo, en la barra lateral de enlaces, para que no se me olvide que están ahí. Y lo mejor de todo es que seguro que me dejo muchísimos porque, aunque no los conozca, o no los vea, también están y también son.

martes, 24 de febrero de 2009

El abrazo de una nube

Hay melodías capaces de traspasar todas las membranas, de recorrer todos los entresijos y de quedarse arropando suavemente el corazón. Como el abrazo de una nube.

Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbre
i un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanc...
Un núvol blanc. Lluís Llach

sábado, 21 de febrero de 2009

Un hogar, un paisaje







Al amparo del paisaje


...de esta tierra hermosa, dura y salvaje, haremos un hogar y un paisaje.
Me dicen que no quieres. La Bullonera

lunes, 16 de febrero de 2009

Spiderman y el mago que miraba el mundo

Así como par rematar los trajines del día, la última parada por el mundo exterior de la jornada ha sido la fiesta de cumpleaños de una amiguita del pequeño, en un pseudochiquipark. Los he visto peores, que no me quejo. Ya en casa, me ha costado Dios y ayuda -y bastantes toallitas desmaquilladoras- quitarle la pintura de spiderman que llevaba en la cara. Y no digo ya, arrastrarlo a la ducha y meterlo definitivamente en su cama, rendidico, pero aún vale la cuerda que tenía.
Su hermano mayor ha asistido al ritual, pero en otro nivel. Al final de la fiesta infantil les ha hecho un truco de magia a los críos, que han aplaudido a rabiar después de quedarse boquiabiertos con los pañuelos de mil colores que ha hecho aparecer. Durante la vuelta a casa, en el coche, conversaba conmigo en plan mayor. Me ha confesado que no entiende a las niñas, que van siempre en grupo, hasta para ir al lavabo, y que siempre hablan de cosas "que no quiero ni saber". Me ha dicho -literal- que, a veces, cuando las ve, le parece que el mundo da vueltas y él está parado, mirándolo.
Y mientras, el spiderman se comía una bolsa de gusanitos en la sillita del asiento trasero sin decir ni palabra.

sábado, 14 de febrero de 2009

Las delicias de nuestras presadumbres

La fecha es la excusa. Me apetecía saborear estas perlas literarias sobre ese estado que tantos coinciden en considerar la fuente de mayor gozo y a la vez de mayor sufrimiento y que, aún así, la humanidad no deja de buscar. Que por algo debe ser.

Siempre había entendido que morirse de amor no era más que una licencia poética. Aquella tarde, de regreso a casa otra vez sin el gato y sin ella, comprobé que no sólo era posible morirse, sino que yo mismo, viejo y sin nadie, estaba muriéndome de amor. Pero también me di cuenta de que era válida la verdad contraria: no habría cambiado por nada del mundo las delicias de mi pesadumbre.

Gabriel García Márquez.
Memorias de mis putas tristes

... perdió el habla y el apetito y se pasaba las noches en claro dando vueltas en la cama. Pero cuando empezó a esperar la respuesta a su primera carta, la ansiedad se le complicó con cagantinas y vómitos verdes, perdió el sentido de la orientación y sufría desmayos repentinos, y su madre se aterrorizó porque su estado no se parecía a los desórdenes del amor sino a los estragos del cólera. El padrino de Florentino Ariza, un anciano homeópata que había sido el confidente de Tránsito Ariza desde sus tiempos de amante escondida, se alarmó también a primera vista con el estado del enfermo, porque tenía el pulso tenue, la respiración arenosa y los sudores pálidos de los moribundos. Pero el examen le reveló que no tenía fiebre, ni dolor en ninguna parte, y lo único concreto que sentía era una necesidad urgente de morir. Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera. Prescribió infusiones de flores de tilo para entretener los nervios y sugirió un cambio de aires para buscar el consuelo en la distancia, pero lo que anhelaba Florentino Ariza era todo lo contrario: gozar de su martirio.
___________

El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.
-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida -dijo.

Gabriel García Márquez.
El amor en los tiempos del cólera
Hace un par de años se hizo una película basada en esta magistral novela de Gabriel García Márquez (el mejor, sin dudarlo) sobre los avatares del amor incombustible de Florentino Ariza y Fermina Daza. Un texto demasiado hermoso y maravilloso para llevarlo al cine sin morir en el intento. Me quedo con su banda sonora.

jueves, 12 de febrero de 2009

Jessi y Romi

Jessi y Romi son rápidas y eficientes. Igual te marcan 35 euros de sin plomo en el surtidor número 3, que te cobran una barra de pan que ellas mismas hacen en el horno rápido. Con su guante especial para no quemarse y salvaguardar la higiene. Sé sus nombres porque los llevan escritos en unas tarjetitas prendidas en sus delantales rojos. No es fácil ofrecer un buen servicio en esos establecimientos transversales de gasolinera, donde lo mismo encuentras salvaslips que alfombrillas de coche, o esos regalos de última hora que te salvan de un olvido imperdonable: actionmans y barbies en la sección de olvidos infantiles, y lotes de colonia en la sección de olvidos adultos. El paraíso de la diversificación comercial. También alquilan videos y venden leña para las chimeneas de los adosados de urbanización que se extienden a pocos metros de la carretera. Los trocitos de tronco, simétricamente cortados, van en unas bolsas de rejilla que se apilan justo a la entrada.

Se les nota que tienen experiencia, y también mundo, porque se manejan con soltura y profesionalidad ante cualquier circunstancia y cliente. Por delante de su diminuto mostrador pueden presentarse motoristas de los de sin casco y aliento dudoso que quieren poner dos euros y medio de gasolina. También individuos de vehículo tuneado, chumbachumba atronador y pupilas dilatadas que sólo venían a por unas bolsas de gominolas. Jessi y Romi no escrutan, ni juzgan. Son auténticas profesionales. Y siempre tienen un gracias, aunque sean de esos gracias impersonales y de corridillo que salen cuando ya llevas dichos varios miles.

Pero Jessi y Romi tienen, por encima de todo, un don especial. Son capaces de atenderte de modo impecable y mantener, en paralelo, una conversación que se abre y se cierra, se interrumpe y se retoma, sin estorbar el discurso narrativo. Mientras Jessi me pide que firme el recibo de la tarjeta, escucha a Romi decir que no quiere saber nada más de él, que qué se ha creído, pues buena es ella, que por las buenas lo que quieras, pero que no lo llamará más, que se ha pasado tres pueblos. Jessi asiente y, mientras le devuelvo el papelito ya firmado, replica convencida que sí, tía, que pasa de él y te vienes con nosotras al cine este sábado.
Las observo y me maravillo. Gracias a ellas puedo mirar sin rencor el indicador del nivel de gasolina del coche, sabiendo que cuando se vacie el depósito las volveré a ver.

miércoles, 11 de febrero de 2009

I es o marmurio do río i es a noite i es a aurora



Llegado el momento, no quiero que me mantengan viva artificialmente, ni vegetar gracias a una máquina. No quiero que se alargue inútilmente un final cierto y agónico, ni que se gaste una sóla gota de sangre ni de suero para lo que no tiene remedio. Ni que me metan en una caja con un crucifijo en la tapa. Pero como no creo que decirlo en un blog valga (aunque aquí lo dejo porsiaca), voy a investigar lo del testamento vital y a hacerlo. Ya tardo.

Hay mucho buitre carroñero que no deja ni vivir, ni morir en paz. Que no respeta el dolor de un padre, ni la dignidad de una hija. Ni su intimidad, ni su imagen. Beppino Englaro tiene derecho a enterrar a su hija y a intentar vivir con su recuerdo. Tristemente. Dolorosamente. Al fin.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me dexarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Negra sombra

viernes, 6 de febrero de 2009

El primer amanecer

El de hoy ha sido el primer amanecer para una nueva vida de poco más de 3 kilos de peso que lleva por sus venitas algo de mi sangre. Bienvenido al mundo, pequeño. Te estábamos esperando para poder quererte.

Todas las auroras son únicas y bellas como la primera
Todos los días son tan inciertos y emocionantes como el primero,
si sentimos que estamos vivos

Este fin de semana me voy, feliz, a Z. Tras el rastro de la vida.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Evasión

Llevo ya varias reuniones poniendo a prueba mis mecanismos de evasión. Minutos y horas oyendo hablar de procesos y procedimientos, informes de no conformidad, objetivos anuales y auditorías y, sobre todo, de lo importante que es este año obtener certificados de calidad, premios, Isos... Es la nueva filosofia empresarial a la que se adhiere con absurdo y estúpido fervor la Administración.

Está de moda aplicar parámetros industriales a todo tipo de trabajos: la enseñanza, la sanidad, los servicios en general, y peor aún, aquello que tiene que ver con la creación propia. Tan de moda está, que ya no es un plus. Lo tiene todo el mundo. Se enmarcan los titulitos y se cuelgan en las paredes. Oficinas, centros, equipamientos y empresas empapeladas de certificados y sellos de calidad con los que empieza y acaba toda finalidad, porque no sirven para mejorar nada. Todo se hacía ya igual, pero sin perder tanto tiempo y con mayor flexibilidad. Los titulitos sólo sirven para engrosar el curriculum del jefe de turno y para dar trabajo a los del gremio de la enmarcación.

Y en ello están. No escatiman recursos y, lamentablemente, tampoco reuniones. Un suplicio, si no fuera porque me evado. Con profesionalidad y disimulo. Casí me atrevería a decir, humildemente, que con maestría. Empiezo por la logística doméstica, la lista de la compra... y sigo con cosas más gratas hasta llegar a los paseos por mis islas paradisíacas favoritas. Debo controlar para no poner cara de entusiasmada, o de lela, porque levantaría sospechas. No se puede poner cara de felicidad oyendo hablar de indicadores y procesos. No cuela.

Estaría bien perderse de verdad en una de esas islas paradisíacas algún día

domingo, 1 de febrero de 2009

La felicidad de cantar

"Cantábamos duetos de amor de Puccini, boleros de Agustín Lara, tangos de Carlos Gardel, y comprobábamos una vez más que quienes no cantan no pueden imaginar siquiera lo que es la felicidad de cantar".

Memorias de mis putas tristes. Gabriel García Márquez (Mondadori, 2004)
En casa éramos de mucho cantar. Mi madre cantaba en una coral, y cualquier momento era bueno para cantar. Cantábamos incluso en las peores épocas: las de final de mes incierto y borrascas familiares. Cántabamos juntos -unos mejor, otros peor- pero todos a la vez, en esos viajes épicos con nuestro heroico Dyane 6, subiendo los altos de l'Albi y Vinaixa, y el de Fraga, con más voluntad que potencia. Cantábamos casi para empujarlo. Igual una canción infantil del cole, que alguna del repertorio de la coral de mi madre. Igual una jota, que el canto a la Libertad... Y éramos felices. Como si cantando a pleno pulmón nos dijéramos: aquí estamos, tan ricamente, ¿y qué os creíais, pues?.
Sigo cantando a todas horas: en la cocina, en la ducha, en el coche... en el coche, un montón. Incluso a las siete de la mañana, de camino al trabajo. Cambio las noticias deprimentes de la radio por algún cd, y a cantar. Como una posesa. Llego al trabajo con high battery.
Cantar ensancha los pulmones, abre todos los poros, orea el corazón, y el alma respira mejor. De lo más recomedable para empezar el día, para ser feliz -o intentarlo- y para decirse a una misma: ¿y qué os creíais, pues?

Seguro que alguna Universidad americana habrá hecho algún estudio que diga que cantando se libera alguna sustancia química capaz de explicarlo. Pero, ni los razonamientos científicos ni los procesos químicos pueden describir todas las sensaciones que conlleva el hecho de cantar. Y, por supuesto, "quienes no cantan no pueden imaginar siquiera lo que es la felicidad de cantar".

Canta, compañero, canta