viernes, 28 de agosto de 2009

Haciendo el equipaje

Se vuelve de los viajes mucho más cargado que cuando se partió, con las maletas llenas de todo aquello que vivimos durante el periplo. Por eso, al hacer el equipaje, el viajero debe pensar en llevarse sólo lo esencial: el pasaporte, las mudas y un buen puñado de recuerdos. Los recuerdos acortan las esperas y permiten coger el sueño, incluso en camas y habitaciones extrañas. Además, son ligeros y ocupan poco espacio.

Ilustración: Paulina Barraza

miércoles, 26 de agosto de 2009

Mi marcianito


Mi marcianito, el ser más feliz que jamás he conocido, ha cumplido hoy seis años. Grita, se ríe, patalea, o llora con energía y exceso, porque se come la vida a bocados, igual que el chocolate, las salchichas y las patatas fritas, que es lo que más le gusta.
Mi marcianito ha aprendido a bucear y a ir en bici de dos ruedas este verano, dice que su hermano tiene mucha morra y es incapaz de mentir sin que se le escape la risa delatora. No sabe guardar un secreto durante más de un minuto y adora al vecino de al lado y grita su nombre como un poseso cada día, a ver si sale a jugar con él. Mi marcianito aprieta los dientes de rabia cuando se equivoca escribiendo en el cuaderno, dice que está agotado cuando le mando recoger los gormitis que inundan el suelo, y me pide que me quede un minutito con él por la noche después de leer el cuento y apagar la luz. Un día me suelta un "no te enfades mujer", si le reprendo, y otro dice en el restaurante que quiere sentarse a mi lado "porque eres dulce".
Hace seis años que, en plena ola de calor, llegó mi marcianito a este planeta y le puso cara, brazos y piernas a ese concepto tan etéreo y esquivo que es la felicidad.

¿Sabes qué mama?, me ha dicho mientras sonaba el cd del coche, esta canción me gusta.

martes, 25 de agosto de 2009

En lo más alto

Resulta demasiado común eludir las responsabilidades, culpar a los otros de nuestros contratiempos, cerrar los ojos y no ver los propios errores. Personalizar culpables, hacerlos responsables de cualquier desdicha, aunque sea con argumentos vacíos o pueriles, es la demostración evidente de falta de madurez, y de ausencia de auténtica humildad, ésa que permite hallar en uno mismo, si no toda, al menos parte de la causa de nuestros fracasos. Por eso, que una atleta de élite que acaba de perder lo máximo en sus aspiraciones deportivas reconozca que se equivocó, que ella misma erró y provocó su descalificación, resulta toda una lección. Un gesto noble y valiente en medio de tanta mediocridad, que coloca a quien lo realiza en lo más alto, por encima de cualquier posición en un podio.

Natalia Rodríguez reconoce su error

Natalia Rodríguez, primer puesto en dignidad, a pesar de no obtener medalla

domingo, 23 de agosto de 2009

Amor propio versus razón

No sé la de veces que habré dicho en voz alta que qué poco conocimiento tienen ésos que se ponen a correr o a ir en la bicicleta con todo el solano en pleno verano. Pero como el género humano es irracional por condición, aunque los libros de naturales dijeran lo contrario, servidora ha hecho lo propio y me echado con la bici al asfalto con lo bueno del día, o sea, entre las 12 y la una del mediodía, en plan dar vuelta y vuelta al cerebro y sofreírme la sesera un poco. Claro que he acabado sofocada, claro que me he autodedicado sonoros vituperios por ponerme a enredar en plena ola de calor, claro que he pensado que igual tenía que llamar para que me vinieran a buscar... pero como antes muerta que rendida, he logrado culminar por mis propios medios el largo camino de vuelta a casa. Sin fuerzas, desde luego, solamente impulsada por mi ¡joderquesillego! interior que por esta vez ha sido suficiente. De todo se aprendre, eso sí, y ya me he dicho que nunca mais en tales horas. Porque el amor propio da para mucho, pero tiene un límite fijado por las leyes de la física y de la lógica. Aunque debo reconocer que, de algún modo inexplicable, de vez en cuando conseguimos romperlas.
Hoy mismo, mi madre ha logrado meter su bolso enorme en una diminuta maletita, que ya estaba llena, cuando la azafata de Ryanair le ha dicho que sólo se permitía un bulto por persona para entrar en el avión y que, si no, no subían (sólo un bulto personal, porque para las compras hechas en el dutyfree no había límite, que hay que joderse). ¡Ah, amigo, ¿que no subimos?, verás si cabe o no cabeeee!. Me ha contado mi madre, que le ha costado fuerza, sudores y todo tipo de juramentos... pero, obviously, el bolso ha cabido. Sólo me pena no haber podido verla una vez conseguida la victoria, aunque puedo imaginármela a la perfección, mirando con desdén y regocijo, a la vez, a la malvada azafata. Con esa cara tan de mi madre de: "¿y qué te creías pues, so modorra?".

miércoles, 19 de agosto de 2009

Como entonces

Mi madre y yo hicimos memoria anoche y caímos en que nuestro pimer Canto a la Libertad con Labordeta en el escenario debió ser hace algo más de 30 años. Entonces ella nos llevó a los cuatro hermanos a verlo al teatro de un colegio, recién estrenada la transición. Entre los 8 y los 12 años debíamos tener. Ayer sólo estábamos ella y yo en un amplio y concurrido auditorio al aire libre pero, exactamente igual que entonces, acabamos cantando a pleno pulmón, con la emoción en el lagrimal y los brazos cansados de tanto tenerlos en alto.

Sentido

Miramos la tragedia con distancia y vemos sinsentido. Quizás porque miramos desde lejos. O porque no miramos bien. Que un chaval de 33 años se muera sólo, a más de 6.000 metros de altura, en un monte de nombre extraño, a miles de kilómetros de su pueblo, es una putada para cualquiera que lo piense un poco, un drama doloroso para los suyos, una tragedia. Incluso puede parecer un sinsentido. He estado tentada de verlo así, de no entender el porqué de tanto riesgo, incluído el de la propia vida, el porqué de generar tanta preocupación en los próximos, de tanto sacrificio sin trofeo tangible... hasta que he recordado una frase que leí de Víctor Juan, en un hermoso texto que escribió para la presentación de un libro de Antón Castro. Una de esas verdades que ponen lógica a lo aparentemente irracional: "Sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia".
Entonces, debe tener sentido subir a lo más alto para intentar tocar el cielo, dejarse guiar por los sueños, y cerrar los ojos para seguir sintiendo el mar batiendo contra el mar.

viernes, 14 de agosto de 2009

Vacaciones

Hala, que ya estoy de vacaciones. ¿Y ahora qué?. Ah, sí, se me había ocurrido que hay que lavar todas las cortinas, y los platos a mano, también, porque oportunamente se ha jodido el lavavajillas y ya veremos si revive porque estaba muy mayor y lo mismo el técnico dice que RIP. ¡Uy, que planazo!. Pero bueno, que también me iré a la playa con el triple de cachivaches de los que llegan a usarse, y desactivaré el despertador eléctrico, y se activaran los manuales (niños y gato) mucho más cariñosos aunque despiertan casi igual de temprano, y nos iremos con la bici cuando el sol amaine a cansarnos y a reírnos, y nos discutiremos porque no te dejo el ordenador, que ya has jugado y ya vale, hala a leer un rato, o te aburres si quieres, que aburrirse es muy sano y muy bueno. Y podré decir muchas veces esa mítica frase de mi infancia: que los hermanos no riñen, ni se pelean. Esto promete. Va a ser estupendo.

Y unas risas que no nos falten...

martes, 11 de agosto de 2009

Agotada

Me agotan las comparecencias sin preguntas y que los medios de información no informen, que sólo reproduzcan lo que otros deciden que hay que reproducir. Me agota que se haga espéctaculo público de una muerte, la cosa más íntima, y que un muerto, por joven, deportista, y buena persona que fuera, acapare más minutos de interés informativo que todos los muertos de hambre, de bombas y de injusticia de todo el planeta y de todo un mes.
Me agota que los meteorólogos digan que habrá unas tormentas horrorosas y no acabe cayendo ni una gota y que en consecuencia mi coche siga igual de guarro, porque no llueve y yo en eso soy muy eficiente y ecológica, oigan. Me agota que haya unos escándalos tremendos de políticos presuntamente corruptos, y que al final todos se vayan a casa con sus trajes, sus bolsos, sus adjudicaciones dudosas, y peor aún, con sus cargos.
Me agotan Carla Bruni y Sarkozy y sus vacaciones en el palacio de la primera dama, Berlusconi pichabrava y sus campañas contra la inmigración, los príncipes, las infantas, los infantes y los infanticos borbónicos paseándose por Mallorca a lo catálogo prenatal, en plan 'qué majos que somos, qué sencillos, y fíjate, aquí estamos como siempre (o sea, chupando del bote) a pesar de ETA'.
Me agotan cosas como oír hablar de diálogo social, mientras mandan a miles de trabajadores a la puta calle sin que oiga a los sindicatos quejarse, sin manifestarse, sin montar barricadas que es lo que a estas alturas de despidos salvajes debería haber en vez de tanto: ¿a que nos enfadamos y no dialogamos?. Me agota la patronal y su insaciable e indisimulada voracidad a pesar de las épocas de hambruna que pasamos.
Me agota la programación televisiva de verano, que no haya House, y que echen por la tele partidos de futbol non-stop de equipos y trofeos de los que nada sé y nada me importan. Y también me agota que salga en las noticias a todo titular que menganito se ha roto un dedo y no podrá jugar o que al otro le duele la punta el pie y es duda (pero ¿qué duda? o le duele o no le duele). La información deportiva, en general (que no el deporte), me agota mucho. Me agota Michael Jackson. Post mortem aún más.
Me agota el alarmismo que se hace sobre la Gripe A que sólo sirve para alimentar el estado de permanente sospecha y vigilancia que se avecina: en otoño, el que tosa será un proscrito.
Y me agota, por su puesto, la rutina laboral, levantarme a las 6:30 A.M cada día, buscar aparcamiento como una loca y no encontrarlo si no es a un mínimo de uno o dos kilómetros del trabajo. Me agota pasar frío por el puñetero aire acondicionado de la oficina, (joer que es verano, algo habrá que sudar, que sudar no es pecado, ni siquiera es malo para la salud) y después salir a la calle y pegarte la torta de calor por los 15-20 grados de diferencia de temperatura.

Total, que estoy agotada, así que se comprenderá que necesite y me ilusione ese periodo de ausencia de obligaciones (de algunas, al menos) que se llama vacaciones y que en unos pocos, muy pocos, días empezarán para mí. Aunque algo me da que parte de lo arriba mentado me seguirá agotando, pero para entonces ya estaré bastante más relajada. Prometo hacer lo posible para que así sea.

Recalar en una isla paradisíaca sería la mejor manera de empezar las vacaciones

viernes, 7 de agosto de 2009

Luz y El Principito

Hay combinaciones casi mágicas, como la voz de Luz y el universo de imágenes de El Principito. Un regalo para los sentidos, en formato vídeo.
Feliz fin de semana.


El principito se sentó en una piedra y elevó los ojos al cielo.
—Yo me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas para que cada cual pueda un día encontrar la suya.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Por libre

Lo mejor del optimismo es que, a menudo, aparece sin razones objetivas, sin motivos aparentes, sin señales visibles que lo justifiquen. El optimismo no se rige por las reglas de la razón. Va por libre, por la imprevisible senda de las emociones. Acompañado sólo por la ilusión.

A veces, abro la ventana convencida de que veré mariposas volando de noche y estrellas brillando de día.

Ilustración: Paulina Barraza

sábado, 1 de agosto de 2009

Desplazados

Cuando llegué a la ciudad que habito, ya hace un montón de años, me fui a un centro de asistencia primaria con mi cartilla de la seguridad social para tener médico de cabecera y constar como paciente en algún registro, pedir visitas y esas cosas. La enfermera del mostrador de información estuvo un rato introduciendo mis datos en la pantalla, esperando, torciendo el gesto, hasta que, al final, me miró y me espetó convencida: -tú eres desplazada. Me sonó a reproche, como si hubiera intentado estafarla y ella hubiera dado con el engaño. Después de algunos segundos de desconcierto, pensé que, sí, que en realidad la enfermera tenía razón. Ni más, ni menos. Sin conocer a nadie, sin amigos, sin comprender bien los mecanismos del trabajo, de la ciudad, de las gentes... desplazada. Éso era entonces en aquel edificio de consultas, y en aquella ciudad .

Con el tiempo, he comprendido que encontrar el sitio de uno o de una no tiene que ver con espacios geográficos concretos, ni siquiera con el tiempo que residamos en ellos. Puede que nuestro verdadero lugar sólo lo hallemos en la complicidad, en la mirada, en los brazos y en los besos de las personas que queremos. Cuando los sentimos cerca, estamos en casa. Cuando nos faltan, vamos por la calle con una profunda sensación de desarraigo, de estar fuera de lugar. Sintiéndonos eso: desplazados.