viernes, 30 de octubre de 2009

No estar, no existir

Supongo que nada te retiene en un lugar hasta que no tienes muertos enterrados en él. Yo no tengo muertos en esta ciudad y espero no tenerlos. O no verlo, al menos. Mis muertos están en otros lugares. En realidad, todos mis muertos, los de verdad míos, están en el mismo cementerio, en uno de ésos que tienen lápidas con fotos ovaladas que permiten a sus vecinos aún vivos reconocer a sus propietarios y decir al pasar: -Mira la Vicenta, ¡qué guapa era!, y ahí está su chico, que murió de accidente, pobrete. Y ves esas imágenes desgastadas por el paso del tiempo y las modas y recreas una historia cercana que no ha caído aún en el olvido. Y no lo hará hasta el día en que desaparezca el último vecino capaz de recordarla y de explicarla al cruzarse con la lápida el día de Todos los Santos.

Aunque paso por delante de sus muros a diario, nunca he entrado al cementerio de la ciudad en la que vivo.  En esta ciudad de clima cálido y aire sereno, los muertos no ven desde sus nichos cómo el cierzo arranca las flores de los jarrones y congela el llanto de los que se despiden de ellos. Así son las despedidas. Así son las mías, al menos. Con lágrimas tan heladas que queman el rostro.

Yo no tengo muertos en esta ciudad. Y espero no tenerlos. O al menos, no estar ya para verlo.

martes, 27 de octubre de 2009

Jabier Muguruza o la reivindicación de la ternura

Jabier Muguruza ha sido para mí un descubrimiento tardío. Sabe mal no haberlo podido disfrutar antes, pero la fortuna es haber dado con él finalmente y poderlo incorporar a la banda sonora particular. Supongo que, como en casi todo, lo importante no es el orden de llegada sino que lo que llega, cuando quiera que sea, nos conmueva. Y a mí las canciones de este hombre me conmueven, incluso antes de entender sus letras que intento encontrar traducidas. La mayoría están en su página web: http://jabiermuguruza.net/.
Dejo aquí dos hermosas canciones de ésas que se sienten cálidas y cercanas como un susurro en el oído, como un aliento suave que va meciendo el corazón.
La primera es Maite zaitut, ez del disco Abenduak, 29. Escribió en su día sobre ella Javier Ortiz: “hay en Maite zaitut, ez (letra de Kirmen Uribe) una preciosa reivindicación de la ternura a la vez que una pregunta sobre el por qué de lo que Jabier llama la anorexia afectiva de los vascos, cuando se explica la historia de aquel obrero de los Altos Hornos al que le habían secuestrado los sentimientos y que nunca fue capaz de pronunciar un “te quiero”.
La segunda, Tan petita, es una canción sobre un poema de Maria Mercè Marçal del ciclo que la autora dedicó a la maternidad y que forma parte del poemario “La germana, l'estrangera”. Jabier Muguruza la ha incluído en su último disco Taxirik Ez.



miércoles, 21 de octubre de 2009

El kilómetro asesino

Cuando te da por correr (aunque sea sólo un poco) en algún momento del trayecto llega el kilómetro asesino. Podría ser el kilómetro tonto, o de pájara, pero a mí me gusta llamarlo el kilómetro asesino. Es ese trozo del recorrido en el que crees que no podrás, en el que dudas de las propias fuerzas.
El kilómetro asesino en mi correr habitual me pilla de vuelta, con más de la mitad del trayecto hecho, y de subida, claro. Luchas contra él compensando la flojera echándole pitera y diciéndote "p'alanteeee!". Una vez superado, todo parece más sencillo aunque vuelva a haber cuesta.
Supongo que en el trayecto de la propia vida damos con un kilómetro asesino (o unos cuantos) que nos tienta con dejar de correr, sentarnos en un recodo, rendirnos. Somos libres de decidir qué hacer, incluso rendirnos si queremos, pero personalmente me aplico la receta: rasmia y p'alante. Cuando se echa la vista atrás, el kilómetro asesino se ve cada vez más lejano. Se ve con la satisfacción de haber podido con él, de ser más fuerte gracias a haber superado el momento amargo y con la convicción de estar en condiciones de poder con cualquier otro tramo difícil que se ponga por delante.

Para correr me calzo las deportivas y también Mallacán en el mp3. Como que corro más. Bueno, igual lo mismo, pero con más ánimo.



Encara quedan os suenios...
Asti bibo yo,
y asti moriré.
En iste lugar,
asti soniaré!

viernes, 16 de octubre de 2009

Canción de viernes

Mi alma perdida, de Amaral, en versión acústica.

lunes, 12 de octubre de 2009

12 de octubre

El 12 de octubre en la televisión publica, la del ente, se ha despilarizado y se ha hispanizado. Que sí, que es muy triste que la patrona de la gran Cesaraugusta lo sea también de cuerpos armados, vease la guardia civil, y más triste es tener que de pedir y ver como, además, el día de la santa patrona lo es también de esa cosa tardo-casposa que se han inventado y que llaman hispanidad, o peor aún, día de la fiesta nacional. La hispanización ha ido ganando terreno en la televisión pública, la de todos, que ahora nos deja sin ofrenda y nos casca militares de tierra, mar y aire, cabras y legiones al compás de cornetín y bandera rojigualda. ¡Aggggg!.
Yo recuerdo esos 12 de octubre de años ha. Los vivíamos en casa como el dia de la loteria de Navidad, con la tele de fondo toda la mañana, pero en vez de oír a los niños de San ildefonso, oíamos el ambiente de la ofrenda y esos comentarios impagables sobre el ritmo que llevaba la confección del manto, o los bellos trajes de participantes venidos de algún país de ultramar. Y cuando actuaba algún grupo y se oía alguna jota nos recorría la emoción y nos íbamos al televisor, igual que si los niños hubieran cantado uno de los premios gordos. En fin, otra cosa.
Consciente de que hoy no vería la ofrenda (ni en directo este año, ni televisadamente aquí donde me hallo) y que los únicos trajes que me esperaban en caso de encender la tele eran los verde-caca, quiero decir caqui, me he abstenido de enchufar la caja tonta, que hoy era tonta de remate. Hasta el telediario de la noche no he visto de refilón a los legionarios acelerados con los rifles en ristre (que qué miedo, oigan, que es ver el ejército por la calle y dan ganas de huir a Perpiñán, pa porsi). Pero algo había de extraño en todo aquello, porque los mismos que habían acudido al evento enardecidos con sus banderitas bicolor proferían gritos y pitos sonoros dirigidos hacía el lugar que ocupaban las autoridades. Ay!, por un momento (sí, vale, sólo un momento) me ha parecido estar ante una demostración de justicia poética.

jueves, 8 de octubre de 2009

Ponerse a bailar

Medidas compensatorias son ésas que contrarrestan y que nos ayudan a inclinar la balanza hacia el lado positivo. Y la verdad, hay mucho que contrarrestar viendo los telediarios, las listas del paro, los bochornos de corrupción, las injusticias globales y locales, y también esas cosas más próximas que a veces no salen como querríamos. Hay que hacer frente a todo ello con lo que tengamos más a mano: con la última ocurrencia infantil, con unas risas, con la imaginación, con sueños o con canciones. Ésta ya hace días que la llevo conmigo de banda sonora, sin cansarme de escucharla, dejándome llevar por su baile, poniéndome una sonrisa en los labios.



Los gestos simples y espontáneos ayudan a reconocer las cosas más profundas. Seguramente, la felicidad es ponerse a bailar sin saber por qué, sin saber, sin músicas, ni orquestas. Al compás del corazón.

lunes, 5 de octubre de 2009

Cazadores de vidas

Han muerto por un tiro de escopeta dos mujeres. Como presas cazadas y ejecutadas por sus asesinos. Leo que una de ellas, Josefina, de 48 años, estaba en trámites de divorcio y que su asesino y marido, lamentablemente suicida tardío, no aceptaba la situación. No debía soportar que su presa se escapara y quisiera volar su propia vida. El domingo por la noche le pegó un tiro.
¿De qué sirven la valentía y el coraje, cuando el cazador de vidas anda armado con una escopeta?

Dos mujeres mueren a manos de sus maridos en Tarragona y en Alicante en pocas horas

jueves, 1 de octubre de 2009

Octubre

Octubre puede parecer un mes insulso, en pleno tránsito hacia el invierno, marchito ya el verano, con las tardes apagándose antes cada día, con los amaneceres más tardíos. Y sin embargo, es precisamente en octubre cuando el sol viste de tonalidades únicas aquello que toca y lo envuelve en un abrazo suave y cálido.