sábado, 28 de noviembre de 2009

Poesía cuántica

Creíamos que en la ciencia no había espacio para la poesía. Y resulta que no hay nada más científico que creer en lo aparentemente imposible. Sí, soñar no es de locos e ilusos. Es pura mecánica cuántica. He encontrado este texto por Internet casualmente (aunque debe ser cierto que nada es del todo casual) y me he reconciliado de golpe con Newton, los kilopondios y las nanopartículas:
Otra de las aplicaciones de la mecánica cuántica es la que tiene que ver con su propiedad inherente de la probabilidad. La Teoría Cuántica nos habla de la probabilidad de que un suceso dado acontezca en un momento determinado, no de cuándo ocurrirá ciertamente el suceso en cuestión. Cualquier suceso, por muy irreal que parezca, posee una probabilidad de que suceda, como el hecho de que al lanzar una pelota contra una pared ésta pueda traspasarla. Aunque la probabilidad de que esto sucediese sería infinitamente pequeña, podría ocurrir perfectamente.


La mecánica cuántica debe ser el lado poético de la ciencia. También la poesía tiene su lado científico y racional. Pero eso no puede sorprender a nadie, porque en la poesía cabe todo: la humanidad, la fauna, la flora... el universo entero y las leyes que lo rigen.

Te amo con la inmutabilidad de las leyes físicas.
La tierra atrae a los cuerpos
como tú me atraes hacia tu centro.
Igual que las piedras
caigo sobre ti desde mi altura.

La ley de gravedad. Cristina Peri Rossi

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Todas eran María del Mar


No son cifras, son vidas. No son números, son nombres. El día internacional contra la violencia de género hace que lleve oyendo estadísticas desde que me he levantado: 49 mujeres muertas en todo el Estado en lo que llevamos de año, 10 en Catalunya, 3 en Tarragona. Las cifras, los números, no tienen nombre, no tienen hijos, no tienen padres, ni compañeros de trabajo, ni amigos.
Ellas son María del Mar, una joven de Altafulla de 26 años muerta a manos de su pareja el pasado mes de marzo. Ella tenía un hijo de 5 años. Ella tenía miedo. Ella denunció a su asesino. Ella tenía una vida que no puede quedar camuflada en una cifra.
Hoy, mientras se oían manifestos e intenciones en un acto institucional en Tarragona, sus familiares y amigos se han puesto su nombre y su rostro. Tod@s somos María del Mar se leía bajo su imagen.
Todas las mujeres que hoy se contabilizan en estadísticas tenían, como María del Mar, nombres, rostros, y vidas que fueron detenidas por la violencia de un hombre.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Y, a veces, una tontería nos indica que salimos adelante

Puse casitas en las Ramblas, en la calle Aragón y en el Passeig de Sant Joan. El pequeño era la banca (venga a revolver billetes) y el mayor comprobó que el capitalismo es un sistema que te puede llevar rápidamente a la ruina y hacer perder la partida. Jugamos al Monopoly. Esas cosas tan de domingo por la tarde, que dan tanta, tanta pereza... hasta que te pones a ello y los ves disfrutar.
Una recompensa. Una pequeña señal que indica que, quizás, no lo haga tan mal.

I, a vegades, una tonteria de sobte ens indica que ens en sortim.



I, a vegades, se’ns baixa la verge i de sobte ens revela que ens en sortim.
I, a vegades, contra tot pronòstic una gran bestiesa capgira allò que crèiem lògic, tot fent evident, que per un moment, ens en sortim.
Ens en sortim. Manel

jueves, 19 de noviembre de 2009

Sueño A

He oído en algún informativo que un 7% de la población ha pasado ya la gripe A y que un 3% también ha estado en contacto con el virus, pero no ha manifestado la enfermedad o lo ha hecho de modo muy leve y ni se ha enterado. Está claro que mis nenes están dentro del 7% y creo que servidora en el 3%. Porque a estas alturas, con la gripe cercándome y los bichitos sueltos por mi casa, debería estar mu mala. Y nada, aquí estoy tan ricamente, suministrando ibuprofenos, paracetamoles, jarabes y demás potingues a todo trapo, y a toda hora, sin el menor signo de infección gripal. Porque el sueño no se cuenta como síntoma, ¿no?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Excursión

Hubiera estado bien salir de excursión este domingo cálido y agradable. Pero los virus se resisten a abandonarnos. Adoran al pequeño. En el fondo, los entiendo. Yo también lo adoro.
Hemos transformado la excursión en una pequeña salida. De casa al jardín. El trayecto ha sido corto, pero igualmente gratificante.



jueves, 12 de noviembre de 2009

12 de noviembre

Si no hubiera sido de temperamento impaciente y cagaprisas, ya desde antes de nacer, habría llegado al mundo unos 40 días más tarde, que era lo que tocaba. El caso es que acabé aterrizando antes de lo previsto en este mes gris de cementerios, fríos traicioneros y resfriados. Además del propio carácter, debió influir en el adelanto el que con anterioridad hubieran pasado por el mismo trance y canal de parto tres hermanos y que mi madre trajinara cada día, sin descanso, con tres niños pequeños en casa y cuarenta y tantos en la escuela. Sí, seguro que eso debió influir lo suyo.

Yo ya nací pequeña de tamaño y el tiempo ha respetado, con las inexorables variaciones, la idea original. Como recien nacida, mi peso sería considerado ahora escaso, pero relativamente normal. En la década de los sesenta, sin embargo, la media debía estar en los cuatro kilos, y esa debía ser la cifra reglamentaria para decir de forma concluyente e inequívoca: “el chico ha nacido criado”. Quedé muy lejos del peso medio, así, que aun sin necesidad de incubadora, yo no nací criada, sino prematura y pequeña. Eso sí, como una medallica, en palabras de mi abuela, aunque ya se sabe que las abuelas, por el simple hecho de serlo, quedan exentas del don de la objetividad. Para mi abuela primero fui una medallica y después canela en rama, morena salada... y siempre, siempre, fui su monsecica.
La genética se salta caprichosamente las generaciones y lo cierto es que la herencia de mi abuela fue mucho más abundante y sustancial que la de mi propia madre. Hubo transferencia directa en mucho del carácter, en la locuacidad, en el instinto cantarín y bailarín, y clonación completa en algunos rasgos, sobre todo en los ojos. Seguramente por eso, también la hubo en la manera de mirar las cosas.
Venir al mundo en noviembre fue la primera contradicción de mi existencia porque, de natural friolera y espíritu tropical, debería haber nacido como mínimo en mayo, o mejor aún, en pleno verano y en alguna latitud de esas que siempre tienen a mano palmeras, cocoteros, salsa y meneo corporal. Para aminorar el despropósito, el calendario situó el evento en el veranillo de San Martín, que no deja de ser una engañufla, porque de verano tiene más bien poco como su propio diminutivo indica.

Si no hubiera sido de temperamento impaciente y cagaprisas, también después de nacer, quizás la vida hubiera dado otros giros porque habría sabido esperar, convenientemente, a acontecimientos, decisones y encuentros. Pero cuando se es de natural irreflexivo y visceral la palabra esperar suele aparece al final del diccionario, con un aura de lejano y desconocido. El tiempo no cambia a las personas, no en lo esencial, pero sí da una cierta perspectiva, suelta cuerda y permite recolocar los acontecimientos y las prioridades al margen de las cronologías y las urgencias. Se tiene, entonces, un sentido más completo de los hechos vividos, los trascendentes y los pequeños. Y aprende una a dar valor a cosas como, por ejemplo, los deseos de felicidad que llegan del exterior, aunque en determinadas fechas formen parte de las convenciones sociales. Pero, precisamente la edad, permite distinguir los deseos sinceros de los simples trámites.
En buena medida, ser feliz es sentir que alguien desea de corazón que lo seas, saber que alguien ha decidido, al empezar el día, que te lo hará saber de un modo u otro. La felicidad debe ser éso y también otras muchas cosas como las que Cristina Peri Rossi describe con precisión y belleza en el poema La alegría de vivir. Cristina Peri Rossi también vino al mundo un día como hoy. Una coincidencia intrascendente, sin duda, pero que hace que me reconcilie un poco con este mes y este día en el que no me tocaba nacer.

La felicidad es esto:
caminar contra el viento
saludar a desconocidos
no comprar comida
(la felicidad es el alimento)
ser espléndida
como el viento gratis que limpia la ciudad
como esta llovizna repentina
que me moja la cara
me resfriaré
pero a mí que me importa.

Fragmento de "Alegría de Vivir". Cristina Peri Rossi

lunes, 9 de noviembre de 2009

Hipocorísticos

Escuché muchas veces a mi abuela pronunciar esta frase: "Me robaron la escuelica". La oí muchas veces explicar cómo le gustaba ir a aprender. 70 años después, aún recordaba que su maestra se llamaba Primitiva. Yo también lo recuerdo porque mi abuela me había contado en más de una ocasión ese episodio que ella vivió, como tantos niños, y sobre todo niñas, en las primeras décadas del siglo pasado. Escolares que fueron sacados literalmente de las aulas para trabajar, para hacer tareas domésticas... Mi abuela hubiera querido seguir en la escuela y se sentía orgullosa de haber tenido tiempo, al menos, de aprender a escribir y a leer. Escribía con cuidado, poniendo todos los sentidos en cada letra, como si se tratara de un ritual cargado de trascendencia. Leía, aun siendo muy mayor, libros enormes que iba consumiendo con paciencia y atención, muy lentamente.
Me he acordado de todo esto empezando a leer la última publicación del Museo Pedagógico de Aragón "Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas sobre Educación de Personas Adultas en Aragón", sobre las historias personales y particulares de hombres y mujeres que acceden a Centros de Educación para personas Adultas en Aragón. Para muchas de ellas es la segunda oportunidad, para otras, la primera, de ver restituído ese tremendo hurto: el de la educación.
Estoy segura de que también a ella le hubiera gustado que le devolvieran la escuelica.

En la presentación del libro, escribe Víctor Juan, Director del Museo Pedagógico de Aragón:
"...Pero por encima de todo, la educación consigue despertar la conciencia de que es posible aprender y hacer realidad, en cualquier momento, nuestros sueños".

viernes, 6 de noviembre de 2009

Bird on the wire

No hace falta volar constantemente. Quizás el pájaro también se sienta libre disfrutando del atardecer sobre el cable que cruza el cielo.

Oh like a bird on the wire,
like a drunk in a midnight choir
I have tried in my way to be free.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Naturaleza viva

Siendo primero de noviembre, hemos decidido honrar a los vivos: los árboles, los pájaros, los montes. De excursión, la naturaleza viva nos ha regaldado sus hermoso vestuario de otoño con todas las gamas posibles de verdes, amarillos, naranjas, rojos...






Hasta las hojas secas sembraban de color el suelo