sábado, 26 de junio de 2010

La tronada

Que me hago mayor lo noto en muchas cosas, también en que me repito, como los agüelos. Pierdo la cuenta de qué he dicho y a quién, y me repito. Lo noto en las caras de los interlocutores que no osan decírmelo, y lo oigo por boca de mi hijo mayor (¡cómo agradezco su sinceridad!) que me suelta un: "mama, repetoña, eso ya me lo habías dicho".
Pues eso, que me repito, aunque en casos como el que sigue es a sabiendas, que conste, porque soy consciente de haberlo dicho unas cuantas veces aquí mismo: ¡Cómo me gusta la Ronda!, pordiós-pordiós, ¡qué buenos que son, cómo me reviven, cómo me rondan!. Buscaba una tronada y han aparecido como agua de junio. Ya se agradece, ya, una buena tronada cuando se cruza el desierto... y mientras cae el agua esperaremos a que salga el sol.



Rondar para decir que no nos van a sacar de aquí;
tu tierra estará viva, mientras viva en ti.
Rondar para decir con la voz de la lluvia
cosas que yo solo no te sé decir.

La tronada. La Ronda de Boltaña

lunes, 21 de junio de 2010

Soy

Más nervio que fuerza, más tesón que poderío, más esperanza que escepticismo, más intuición que estrategia, más emoción que raciocinio, más derroche que prudencia, más corazón que cabeza. Con esos más y esos menos me levanto a diario y, al final de la jornada, sólo soy lo que queda de mí. Más bien poco.

viernes, 18 de junio de 2010

Remedios incurables

Optimista, positiva, feliz, así me suena esta canción de Cohen. Me encanta... I love it.
Happy weekend!



... but, threre ain't no cure for love

The doctors working day and night
But they'll never ever find
that cure for love
There ain't no drink, no drug,
ah tell them, angels
There's nothing pure enough
to be a cure for love
.

miércoles, 9 de junio de 2010

El sentido del caos

Hay días que despiertan caóticos, como una tormenta que se espera a arreciar a que salgas de casa con dos criaturas, mochilas y paraguas. Días de acontecimientos imprevistos y de incidentes, en que parece que las nubes se hayan confabulado para crear una atmósfera confusa, impredecible y accidentada. Pero cuando el día languidece, el velo de niebla se levanta y se pueden apreciar nítidamente todas las cosas bellas que parecían ocultas bajo el desorden y el contratiempo: los gestos, los rostros y las sonrisas que también nos han acompañado y que dan sentido a un día de caos.

domingo, 6 de junio de 2010

Sueños

Nos ha despertado la tormenta madrugadora. A a mí, un trueno. El pequeño dice que, a él, la lluvia. Ha venido a mi cama y me ha explicado que había soñado con osos. El argumento del sueño era complejo, pero vamos, que él estaba en una excursión, había una tienda de campaña, una hoguera, osos, su hermano, y también salía un árbol que tenía en las ramas fresas, cerezas, pizzas, olivas y patatas (fritas, por supuesto). No sé qué parte la ha soñado realmente y qué parte es proyección de sus deseos. En un momento del relato, me ha salido preguntarle, así, sin más: - hijo, ¿eres feliz?. Y me ha contestado: - como un anís. Y ha seguido con el sueño-cuento-historia sin inmutarse. Pues está claro que yo también lo soy. Feliz, digo. Algo cansada después de una semana dura y complicada, de ajetreos físicos y mentales, pero feliz. Me he dado cuenta mientras lo escuchaba a mi lado con su carita casi pegada a la mía. Sin dos dientes de abajo y las palas superiores emergiendo.

Supongo que, con el tiempo y la edad, van cambiando las prioridades y un día nos sorprendemos hallando la felicidad en cosas, gestos o momentos que nunca habíamos previsto. Los sueños son otros ahora. Pero no hemos rebajado nuestras aspiraciones. Simplemente, la vida nos ha llevado a pasar el cedazo y, al final, nos hemos quedado con poco, pero bueno.

No sé si alguna vez llegué a aspirar a ello, pero no espero cambiar el mundo. Ahora mismo me basta con ocuparme del jardín, hacer que la hierba siga verde y ver que las plantas florecen en tecnicolor. Soy tan simple que éso, también éso, me hace feliz.