lunes, 30 de agosto de 2010

Patatas rebozadas

He hecho patatas rebozadas. Buenísimas. Iguales que las de mi madre y también la suya, o sea mi abuela. Les he echado un poco de canela, que no sé si formaba parte de la receta original, aunque sí de otras que incluyen patata y le da un toque y un aroma muy turkish y muy rico. He pringado la encimera y media vajilla con el puré, he sembrado harina por todas partes, y el huevo batido ha dejado maseta rebozante por montones de utensilios y vasijas. No es normal que me meta en esos jardines de poner perdida la cocina, que yo por no ensuciar tiro de lo básico y evito la fritanga y el reboce, que además son muchas toxinas, oye. Lucían un aspecto inmejorable (las patatas) doradas, y en su punto, compactas y a la vez suaves por dentro. Lo tenían todo. Al mayor le han encantado. El pequeño, que había contribuído en el emplasque general haciendo bolas de puré y aplastándolas en la harina, sólo ha probado una y ha dicho que igual era porque está un poco resfriado, pero que no le apetecían. Tan pequeños y ya van con diplomacias y circunloquios.
Hijo pues si no te gusta dílo, que no pasa nada, no te las comas y ya está. El mayor ha comido pero de acuerdo con sus baremos en lo del comer, que no es mucho. La mitad de las patatas han acabado en un túper de helado Carte d'Or reciclado, que son los mejores túpers del mercado y mucho me temo que ésa será la penúltima estación antes del cubo de la basura, que será la próxima y definitiva. A veces, pasar previamente por la nevera es un trámite necesario para evitar el trago de tirar la comida directamente, aunque sólo sea por la memoria de los antepasados que pasaron hambre. Hacerlo cuando empieza a enmohecer y huele raro legitima algo el gesto.
Supongo que me he puesto a hacer las patatas rebozadas de mi abuela, por lo mismo que llevo una semana echándole agua a un culo de fairy que queda para apurarlo al máximo (que para eso es concentrado) y por lo que estoy tentada de dejar la botella de aceite escurriendo del revés en la aceitera varios días.
De vez en cuando resulta reconfortante volver a los platos igual que a los gestos conocidos y familiares. Todo es más sencillo cuando se puede afrontar con los recursos de siempre. Y también cuando se puede soltar un ¿qué te crees pues, que somos los pares de Francia?, o un come y calla, un y que te lo has creído que te lo voy a comprar que son muchas perras, o un pues si tanta hambre tienes para comerte un helado te saco las patatas rebozadas que te has dejado... Y un día te sorprendes contando y ahorrando en pesetas, que es cuando realmente se ahorra, comprobando si el mes tiene 30 o 31, y mirando una y otra vez el calendario preguntándote a qué esperas, si es que esperas algo, si es que tiene algún sentido esperar cuando sabes que no te espera nada. Y entonces te asalta el paqué: paqué esto, paqué lo otro, y el sitotal, que aún es más demoledor que el paqué: si total, para lo que hay que ver, si total para lo que me espera... Y luchas contra los paqués y los sitotal como si te fuera la vida, intentando no doblegarte a la riada de la desazón y la autocompasión que tanto detestas. Y piensas que, aunque lo de cocinar no te va, quizás un día les podrías hacer un plato de ésos que te encantaban de pequeña y que te hacía tu abuela y también tu madre.

viernes, 27 de agosto de 2010

Souvenirs

De la excursión me he traído aire, montes, y un trocico de cielo.
A ver si dan de sí, que se acerca septiembre.

lunes, 23 de agosto de 2010

Preparativos

Sólo es una excursión larga. 200 kilómetros con noche en habitacióntriple-desayunoincluído. Pero es nuestro viaje de vacaciones. Nos hace ilusión. Nos la llevamos junto con el resto de provisiones.

Hala, chicos, que nos vamos

viernes, 20 de agosto de 2010

Lluvias


Las lluvias de sueños reverdecen y alivian esos paisajes de realidad seca y dura. Por mí, que siga lloviendo.

Feliz fin de semana.

martes, 17 de agosto de 2010

Oxígeno y mariposas

De vez en cuando hay que sacar la cabeza y reponer oxígeno. El del monte está ahí. Ir a buscarlo, además de oxigenar y abrir los poros, nos devuelve la mirada hacia arriba, nos acerca a las nubes, a las copas de los árboles y a las rocas que se alzan buscando el cielo. Y por si todo ello no fuera suficiente, puede que en el camino no dejen de revolotear mariposas, decenas, cientos, miles... bueno, casi. Nos han acompañado durante toda la excursión. La que hemos hecho mis niños, servidora y ellas.




jueves, 12 de agosto de 2010

El hilo mental

Miras por la ventana tres o cuatro mil veces, según se cuente, pero las nubes grises han ocupado el cielo y el sol no se deja ver. Y cuando empieza la tormenta recuerdas los consejos de la tele y de tu madre sobre que hay que apagar todos los aparatos, que vale, pero que el portátil ni hablar, que además tienes descargando una peli infantil para el pequeño y si al ordenador tiene que partirle un rayo, pues mala suerte, era su destino, y al Mediamarkt al día siguiente. Y mientras cae el agua al estilo monzónico, te da por pensar cosas sin sustancia como que parece mentira la mierda que se acumula en las cunetas de las carreteras, que en coche no se nota tanto, pero corriendo se ve hasta el paquete de ducados que alguien tiró allí en el 76 y la bolsa de pipas grefusa, ¿por qué las harán sin sal? si lo mejor es que duela la lengua de salada y que se ponga el morro encendido.

Saliendo del trabajo el viernes te echarás otra vez a la carretera, pero en coche, y alargarás el trayecto unas decenas de kilómetros más allá y volverás a comprobar cómo el desastre de urbanizaciones de los sesenta sigue deteriorándose adecuadamente en esos municipios amputados a lado y lado de una carretera que pide a gritos una palada de asfalto, un pegote más de arcén, y menos peatones suicidas que se lanzan, hamaca plegable en mano, a cruzar por la nacional, que para qué van a ir hasta el paso subterráneo, con el gustico que da la brisa de los coches pasando a milímetros del cuerpo y poder gritar: ahora, ahora, que nos da tiempo, con amagos de corridilla en chancla playera.
Que lo mejor es circular por la nacional, que si vas por la autopista, además de pagar, te pierdes el espectáculo, y tampoco puedes ver pasar en cortinilla los apartamentos desconchados de toalla en el balcón, los puticlubs de nombre tropical y las naves-tienda de pinturas, que, o la gente pinta mucho, o alguien calculó mal las posibilidades del negocio, que hay casi tantas como rotondas que nadie respeta porque no hay norma que supere el que yo corro más y por mis pitos que llego antes y me salgo sin intermitente, que no tengo el gusto de conocerlo.

Pero que es un placer porque, como en el asiento del coche, no se descansa en ningún lado, que no hay silla ergonómica que coja mejor la riñonada, y con el aire acondicionado y el cedé, ya de vicio. La cebra que pasa un semáforo y como se desmonta un bidé... cantarán los Antonia Font, y tú sonreirás al llegar a la última rotonda pensando que no pueden ser tantos días nublados, que esto es el Mediterráneo y verano, y que seguro que cuando menos lo esperes sale el sol. Un llapis d’Ikea, un pistatxo... wa-yeah!

viernes, 6 de agosto de 2010

Flores de agosto


Se beben sedientas las horas, acarician las sombras, comparten perfumes y cada atardecer sueñan que es primavera.

martes, 3 de agosto de 2010

So long... by Muguruza

So long Marianne de Leonard Cohen pasado por la garganta y la sensibilidad de Jabier Muguruza. Tremendo, único. Un regalo. Eskerrik asko.