sábado, 29 de octubre de 2011

Llorar

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Llorar a lágrima viva - Oliverio Girondo

jueves, 20 de octubre de 2011

Paz

La paz merece una oportunidad. La felicidad, también. No dejemos que nos la secuestre nadie.




#agurETA

domingo, 16 de octubre de 2011

jueves, 13 de octubre de 2011

Manos

Crear vida con las manos. Eso es lo mejor de ser agricultor. Me lo ha dicho hoy mismo un payés de cerca de ochenta años con la emoción a punto de saltarle de los ojos. Sigue acariciando los sarmientos como cuando los hacía brotar.

En el corto trayecto de mi correr habitual, cerca de casa, se concentra la dureza del asfalto, la fatiga y la sed. Pero también una tregua de sombra entre algunos pinos, atardeceres naranjas y rosados en un horizonte de montañas y un jazminero enorme junto a la valla de una casa. El olor a jazmín me indica que ya queda poco para llegar al final. Paso con la palma de la mano abierta, toco las flores, intento capturar algo del aroma y sigo corriendo. Sé que están ahí para ofrecerme un último aliento. Acepto agradecida su regalo.

Durante las largas travesías es inevitable hallar obstáculos y cansancio, injusticias y días grises. Pero también una amplia gama de flores, aromas y otras manos dispuestas a acompañarnos.


lunes, 3 de octubre de 2011

Una huella en la nieve

Mirar esta bien, pero ver es infinitamente mejor. Los fines de semana, los paisajes se llenan de mirones, de profesionales de la postal y el souvenir. Se mira mucho, pero se ve poco.
Ver es desbrozar lo aparente y encontrar el alma de las cosas, su razón de ser. También la nuestra. Encontrar las huellas en la nieve y seguirlas. Ver y después no mirar para otro lado. Ver y plantar cara al temporal.



Hay un reino entero bajo una carrasca,
aunque algunos no lo sepan encontrar;
tampoco sabrán ver duendes,
ni moras en los ibones
cuando el cielo arda de estrellas por San Juan.

¿Qué verán?, si no te ven cuando te miran,
si al mirarte sólo ven una postal;
no la tierra donde un pueblo y sus fantasmas,
abrazados plantan cara al temporal.