Mujer feliz en la ducha
No daba crédito pero ahí estaba. En el vestuario del gimnasio que frecuento (lo que puedo), una usuaria cantaba despreocupadamente en la ducha, y no flojo, ajena a la sorpresa y a los rostros estupefactos de las mujeres que se vestían y desvestían a su alrededor. Yo más que estupefacción sentí profunda admiración . Tanta, que no pude evitar indagar en el tema e intentar descubrir quién era la intérprete. Por los espejos que quedan delante de las duchas logré verla. Y no era ni la más jóven, ni la más atlética de las usuarias que acuden al recinto para rebajar cintura y muslos. Y sí era, en cambio, la más oronda. Y allí estaba con las carnes a remojo canturreando sin temer al rubor o al pudor. Intenté dar una explicación pseudocientífica al tema. Pensé, que, siendo su masa corporal superior, quizás había liberado más endorfinas que el resto de mortales tras la sesión de ejercicio físico. Creí que tal vez esa era la causa que la impelía a cantar a pleno pulmón. Pero, ¡qué joder!, tararear “Ma Baker” de Boney M en un vestuario comunitario a las 4 de la tarde no puede explicarse así. Esa mujer era feliz, y punto. El resto sólo es envidia. Hay que reconocerlo. No estamos preparados para encontrar una exhibición de felicidad de ese calibre y menos aún, así, a botepronto, entre chanclas, geles y bolsas de deporte. Según como te pilla el cuerpo, la felicidad ajena puede, incluso, llegar a ofender.
Sobre mujeres y duchas:
las cortinas en la ducha
y echarte más que piropos
derrapando por tus curvas... "
Del disco Metaphora, "Mujer en la ducha" ( Ángel Petisme)
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