Leí ayer en una entrevista de la contraportada de La Vanguardia lo que hace tanto tiempo que experimento: que los sonidos en general y la música, en particular, son la mayor fuente de emociones para el ser humano. Que tienen “más poder asociativo, empático o sugestivo que la imagen, el gusto o el tacto”. Seguramente no hacía falta una compleja investigación para llegar a esa conclusión, pero ahora lo afirma con razones y pruebas científicas un investigador sueco que estudia la relación entre música y emociones. Y supongo que lo podemos corroborar empíricamente muchos mortales. (La entrevista sólo es accesible para los suscriptores de La Vanguardia, pero alguien la transcribió a tiempo en este blog. Gracias, amigo desconocido. Leer aquí la entrevista).
Personalmente, no sé qué haría sin la música y sin las canciones. El bueno de Patrik Nils Juslin, que es el estudioso en cuestión, dice que una melodía que escuchamos una vez con unos amigos, por ejemplo, nos vueleve a provocar las mismas emociones al oírla nuevamente, aunque los amigos ya no estén.
Y sí, la música evoca emociones vividas, imaginadas o soñadas y además es capaz, como ninguna otra cosa, de dibujar los paisajes del alma. Ésos que unos días amanecen luminosos y otros amenazados por la tormenta. De ahí, seguramente, que en función del momento y de las experiencias, haya músicas que nos alegran, que nos relajan o que nos entristecen profundamente. Hay algunas que te obligan a danzar y a moverte compulsivamente y que te llenan de un gozo inexplicable. Hay otras – en cambio- que te ablandan, que te ponen nostálgico o que te apenan. También las hay que combinan emociones contradictorias: de tristeza y alegria, a la vez. Incluso diría, con permiso del investigador sueco, que hay una cuarta categoria: las melodías que sencillamente intentas evitar, más que nada, porque no sabes a ciencia cierta si el corazón resistirá la descarga emocional que generan. Así de poderosa es la música y así de débil la condición humana.
Mi particular repertorio de canciones que se incluyen en esa última categoría va creciendo. Y ahí están las pobres, sin poder sonar, esperando a ver si llegan tiempos mejores y no me las salto con el “avanza” y el “retrocede” del reproductor de música.
Ésta la tuve proscrita una larga temporada. Y aún ahora es de las que más me emocionan. Con la misma intensidad que cuando la escuché -exactamente esta misma interpretación- en directo, hace 23 años. ¡¡¿Tantos?!!.
No debe ser verdad que con la edad te endureces y te vuelves menos sensible. Yo, como que me noto cada día más blandengue, y con el lagrimal más suelto.

| Senzillament se’n va la vida, i arriba | Sencillamente se va la vida, y llega |
| Serenament quan ve l’onada, acaba, | Serenamente, cuando viene la ola, acaba, |
| Així només, em deixo que tu em deixis; | Sólo así, te dejo que tú me dejes. |
| Sovint és quan el sol declina que el mires. | A menudo es cuando declina el sol que lo mirasél pesaroso sabe que si mengua lo quieres. |
| Només així, em deixo que tu em deixis; | Sólo así, me dejo que tú me dejes. |
“Un núvol Blanc” fue compuesta por Lluís Llach a la muerte de su madre
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