martes, 15 de enero de 2008

Ciencia empírica

Leí ayer en una entrevista de la contraportada de La Vanguardia lo que hace tanto tiempo que experimento: que los sonidos en general y la música, en particular, son la mayor fuente de emociones para el ser humano. Que tienen “más poder asociativo, empático o sugestivo que la imagen, el gusto o el tacto”. Seguramente no hacía falta una compleja investigación para llegar a esa conclusión, pero ahora lo afirma con razones y pruebas científicas un investigador sueco que estudia la relación entre música y emociones. Y supongo que lo podemos corroborar empíricamente muchos mortales. (La entrevista sólo es accesible para los suscriptores de La Vanguardia, pero alguien la transcribió a tiempo en este blog. Gracias, amigo desconocido. Leer aquí la entrevista).

Personalmente, no sé qué haría sin la música y sin las canciones. El bueno de Patrik Nils Juslin, que es el estudioso en cuestión, dice que una melodía que escuchamos una vez con unos amigos, por ejemplo, nos vueleve a provocar las mismas emociones al oírla nuevamente, aunque los amigos ya no estén.

Y sí, la música evoca emociones vividas, imaginadas o soñadas y además es capaz, como ninguna otra cosa, de dibujar los paisajes del alma. Ésos que unos días amanecen luminosos y otros amenazados por la tormenta. De ahí, seguramente, que en función del momento y de las experiencias, haya músicas que nos alegran, que nos relajan o que nos entristecen profundamente. Hay algunas que te obligan a danzar y a moverte compulsivamente y que te llenan de un gozo inexplicable. Hay otras – en cambio- que te ablandan, que te ponen nostálgico o que te apenan. También las hay que combinan emociones contradictorias: de tristeza y alegria, a la vez. Incluso diría, con permiso del investigador sueco, que hay una cuarta categoria: las melodías que sencillamente intentas evitar, más que nada, porque no sabes a ciencia cierta si el corazón resistirá la descarga emocional que generan. Así de poderosa es la música y así de débil la condición humana.

Mi particular repertorio de canciones que se incluyen en esa última categoría va creciendo. Y ahí están las pobres, sin poder sonar, esperando a ver si llegan tiempos mejores y no me las salto con el “avanza” y el “retrocede” del reproductor de música.

Ésta la tuve proscrita una larga temporada. Y aún ahora es de las que más me emocionan. Con la misma intensidad que cuando la escuché -exactamente esta misma interpretación- en directo, hace 23 años. ¡¡¿Tantos?!!.
No debe ser verdad que con la edad te endureces y te vuelves menos sensible. Yo, como que me noto cada día más blandengue, y con el lagrimal más suelto.



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Senzillament se’n va la vida, i arriba
com un cabdell que el vent desfla, i fina.
Som actors a voltes,
espectadors a voltes,
senzillament i com si res, la vida ens dóna i pren paper.

Sencillamente se va la vida, y llega
como un ovillo que el viento deshila, y acaba,
somos actores que a veces,
espectadores que a veces,
sencillamente, como si nada, la vida nos da y nos quita papel.

Serenament quan ve l’onada, acaba,
i potser, en el deixar-se vèncer, comença.
La platja enamorada
no sap l’espera llarga
i obre els braços no fos cas, l’onada avui volgués queda’s.

Serenamente, cuando viene la ola, acaba,
y quizá en el dejarse vencer, comienza.
La playa enamorada
no sabe de la larga espera
y abre los brazos, no fuera que la ola quisiera hoy quedarse.

Així només, em deixo que tu em deixis;
només així, et deixo que ara em deixis.
Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbrei un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanca...

Sólo así, te dejo que tú me dejes.
Sólo así te dejo que ahora me dejes.
Yo tengo para tú un nido en mi árbol
y una nube blanca, colgada de alguna rama.
Muy blanca...

Sovint és quan el sol declina que el mires.
Ell, pesarós, sap que, si minva, l’estimes.
Arribem tard a voltes
sense saber que a voltes
el fràgil art d’un gest senzill, podria dir-te que...

A menudo es cuando declina el sol que lo mirasél pesaroso sabe que si mengua lo quieres.
Llegamos tarde a veces
sin saber que a veces el frágil arte de un gesto sencillo, podría decirte que.

Només així, em deixo que tu em deixis;
així només, et deixo que ara em deixis.
Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbre i un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanc.

Sólo así, me dejo que tú me dejes.
Así, sólo, te dejo que ahora me dejes.
Yo tengo para ti un nido en mi árbol
y una nube blanca, colgada de alguna rama.
Muy blanca...


Un núvol Blanc” fue compuesta por Lluís Llach a la muerte de su madre


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