lunes, 21 de enero de 2008

Los peligros del monte

Los auténticos peligros del monte tienen forma humana. Disfrazada, pero humana. Este domingo decidimos ir al monte, ni muy alto, ni muy lejos, ni muy dificultoso. Así que en principio, y con el tiempo acompañando, todo estupendo, ¿o no? Queríamos ver una encina milenaria, magnífica, hermosa, pero acabamos por no verla. Según unos abueletes del pueblo más cercano, la encina en cuestión está en una zona privada y el propietario no gasta muy buen humor. Así que decidimos no arriesgar, que tampoco era cuestión de que nos encorriese un payés cabreado por entre los campos de avellanos, por muy majo que fuera el árbol, que no lo dudo.

Pensamos que no era ello obstáculo para seguir disfrutando de un día de excursión, viendo el paisaje y los pinos. Pero entonces empezaron a acechar los peligros. ¿Cazadores? los que quieras. Ver a un tío con un arma en ristre y chaleco de camufaje intimida de por sí, pero ver a una docena y además con cara de tener antecedentes ya es más preocupante. Empiezas a pensar que si se equivocarán y te tomarán por una liebre o un jabalí y no puedes caminar sin cierto recelo y preocupación. Cuando parecía que nos habíamos alejado del peligro, vinieron los otros. Los de las bicis. Si el trayecto pilla de bajada los ves zumbando a tumba abierta a sólo unos centímetros de tu ser. He pasado menos miedo en las calles de Amsterdam, que debe ser la ciudad con mayor índice de homicidios imprudentes por atropello con bicicleta.

A lomos de una de bici vi a un conocido. Un ex-jefe, ¡qué mala suerte!, con lo grande que es el monte... En realidad me vio él a mí, porque el hombre iba irreconocible. Llevaba encima todos los artículos del pasillo de "bicicleta de montaña" del Decathlon. Sin faltar ni uno. No puede evitar comentarle que asustaban tantas bicis y a tanta castaña. ¡Ah!, me dijo, es lo de menos. Lo peor son los de los quads. Y, cómo no, también vimos unos cuantos derrapando a todo decibelio por los caminos. No sé si fue por la tensión o por el cambio de presión, pero bajé del monte con la migraña clavada en el ojo izquierdo.

Lo mejor, sin duda, los bocatas de tortilla que nos zampamos en familia y las canciones que nos echamos a pleno pulmón, liberando adrenalina.
A ver si en la próxima salida hay más suerte y no nos encontramos con los Action man en sus versiones cazador, piloto de quad y mountain-bike...a poder ser.

-Mamá, me dijo el mayor subiendo a todo volumen la radio del coche..¡Amaral! Y nos pusimos a dúo a cantar como posesos "Resurrección", aunque siempre me invento la letra y me corrige.

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