A +
Me he quitado una espina. Estoy más ligera por ello y seguramente, también, porque ando con medio litro menos de sangre. Ya hace tiempo que veía el camión para hacer donaciones aparcado a sólo unos metros del trabajo. Y finalmente me he decidio a hacer lo que la conciencia me reclamaba y la indecisión me retenía. Se me ha hecho corto, aunque he tenido tiempo de preguntarme quién llevará antes o después un poquito de fluído mío por sus venas. ¿Será adulto o menor?, ¿le irá bien en el trago sanitario en el que se encuentre?, ¿le servirá de algo?, ¿será hombre o mujer?. La enfermera ha dicho que se aprovechan varias cosas y que puede haber más de un destinatario. Se multiplican las posibilidades, pues.
Me han dado zumos, galletas y unas chanclas de playa de regalo. Lo primero me lo he tomado. Lo último me lo guardo, porque mucho glamour no tienen, la verdad. Voy a pasar más tranquila a partir de ahora por la acera en la que se aparca el banco de sangre-móvil cada viernes y, cuando toque, volveré a entrar. Tengo la sensación de haber saldado un asunto pendiente con mi conciencia.
3 comentarios:
A mí no me aceptan mi "blood", por haber tenido hepatitis y tener unas transaminasas muy traviesas.
Jo...
M
Va a ser que el arte altera los parámetros de la sangre. Vaya poemas preciosos te he leído en "El Cronista de la red".
Besos
Ay... yo he estado tentada de hacerlo varias veces.
Me falta un poquitito de valor, pero todo sea por "una buena causa" y un zumo de frutas de premio.
Publicar un comentario