Palopremio
Ya no hay palopremios. Cuando éramos pequeños, te pedías un helado y al placer de saborearlo se añadía la ilusión de descubrir si estaba premiado. Había que acabarse el helado rápido, rápido, para saber cuanto antes si había otro polo de regalo. Ahora les regalan a los críos unos cacharros de plástico que giran y que hay que ser casi ingeniero para saber cómo funcionan, directamente, con según qué helados enormes. Los más grandes y los que valen más, claro. Comerse el polo es secundario y hacerlo con ilusión es practicamente imposible.
Se me ocurre que la vida debería ser un palopremio gigante. Saborearla por el simple placer de vivirla y con la ilusión de descubrir si lleva premio.
3 comentarios:
saborear la vida despacio. Ese es el premio. Saborear cada helado como si fuera el último
Sin perder nunca la ilusión, nunca...
Buenas noches Montse
Buenoooooooo,
acabas de hacerme recordar el premio que recibí por una entrada al cine.
Pero es tan raro todo lo que ocurrió que me has inspirado un post.
Pero no te rías de mi cuando lo leas.
Creo como Víctor que el premio está en el lo bien que se lo pasa un@ comiéndose un helado sin prisas y sin que sea verano.
Gracias por tus palabras en el blog.
Muchas gracias,
Un beso,
M
Publicar un comentario