jueves, 18 de diciembre de 2008

Planificación

Por fin se acerca el final de la semana, que ha sido, dura, durilla, por trabajo, actividades diversas y lo peor: por los cursillos de formación obligatorios que me he tenido que meter entre pecho y espalda. Y fuera del horario laboral ¡agggg!. A cuál más denso y a la vez menos provechoso. El otro día me cayeron dos horas largas de planificación estratégica. Con su powerpoint, su círculo de Deming, y mi cara de escuchar al ponente, cuando en realidad andaba más allá de la Vía Láctea. Pero algo me hizo regresar a la Tierra. Cuando en la pantalla había proyectado un queso a cuatro cuartos de colorines, oí la frase que casi me hace dar un brinco en la silla. Dijo el hombre (osó decir) que está comprobado que las personas que triunfan son las que planifican su vida. ¡Ay Dios!, pues está claro que no hay posibilidad alguna de triunfar yo en la mía. Según él, y sus parámetros para medir el triunfo, tienen más posibilidades de conseguirlo aquellos que planifican sus estudios, su metas profesionales y personales... ¡Como si la existencia humana pudiera diseccionarse en plazos y objetivos!.
Definitivamente estoy condenada al fracaso. Y estrepitoso. No me sé planificar. A mí se me acaba el taco del calendario de la mesa del trabajo sin cosas apuntadas en el 90% de los días del año. Y en el 10% restante sólo hay garabatos de los de hablar por teléfono.
¿Pero de verdad se cree ese tío que se puede planificar el miedo, la euforia, el amor, el dolor... todo eso que forma parte esencial de la vida y que no són sólamente algo accidental o tangencial?. Tras cuatro décadas en este mundo, a día de hoy, sólo aspiro a planificarme las horas más inmediatas al momento presente. Bueno, más que planificar, a intentar organizarme y hacer compatibles los propósitos y la realidad. Ello teniendo en cuenta que hay otros seres en el planeta y contando, además, con cosas como el azar, el destino y lo impredecible. Pero esos conceptos deben estar proscritos en el universo de la planificación estratégica . Claro que yo el único triunfo al que aspiro es conseguir ser feliz, aunque sólo sea algún ratito.

Los cursi(ro)llos son ideales para hacer viajes interestelares sin moverse de la silla

1 comentario:

entrenomadas dijo...

Veo que tu semana ha sido movida, pues la mía también. Me interesa eso de un viaje interestelar desde el sofá orejero. Me apunto al cursos, me apunto.

kisses,

Marta