sábado, 23 de mayo de 2009

De tristezas y alegrías



La tristeza puede ser discreta y prudente. De color gris. Como las nubes de lluvia, como el asfalto gastado, como la rutina.

La tristeza puede ser aparatosa y llamativa. De color rojo. Como la herida abierta, como los labios que muerden despedidas, como el escozor del llanto.

La misma tristeza puede ser gris, un día, y de color rojo al siguiente. Depende del humor con el que se levante.

La tristeza se agarra al estómago, trepa omprimiendo el pecho y estalla silenciosamente en la garganta. En ocasiones, decide escaparse fluyendo por los ojos. Entonces se vuelve líquida y transparente.

La tristeza es como un viajero en un tren equivocado. Sólo desea que llegue la siguiente estación para poder apearse.

La tristeza es desertora por naturaleza. Claudica pronto y reniega de sus principios. En realidad, está esperando cualquier excusa para poder pasarse al bando contrario: el de la alegría.




La alegría es multicolor y escandalosa. Incluso puede ser hortera y hacer alarde de su mal gusto sin pudor. Pero eso a la alegría le trae sin cuidado.

Es una contradicción y también una estupidez querer contener la alegría, porque entonces deja de serlo y se convierte en simple bienestar.

Cuando ejerce de anfitriona, la alegría es implacable con el derecho de admisión y rechaza sistemáticamente a los invitados tristes.

La alegría baila salsa, merengue y cha cha cha, odia el tango, y los boleros le producen alergia. Cuando baila, la alegría ocupa toda la pista y va pisoteando al personal. Sin darse cuenta y sin pedir perdón.

La alegría explosiona con detonadores de lo más diverso: unos versos tiernos, unas rimas brillantes o una delicada combinación de letras y metáforas, de lo efímero y lo eterno. Las palabras conducen, a menudo, a emocionantes y hermosos estallidos de alegría.

Es una lástima que la alegría no se contagie por el aire, como la gripe, y no podamos disfrutar de grandes epidemias globales. Sin antídotos ni vacunas.


4 comentarios:

Mamen dijo...

¡Ayyyyyyyyyy Montse!
La tristeza la suelo esconder..."que no se diga que no se note"...buscando cualquier excusa para poder sonreir ¿verdad?
La tristeza y la alegría comparten el mismo pozo y ojalá sólo dependiera de nuestro estado de ánimo para que fluya una u otra, pero es dura la tristeza cuando depende de la alegría de vivir de los que quieres.
¡Ay!
De todas formas, moi como Sabina, creyendo en más de cien mentiras que valen la pena...y p'alante.
Un abrazo

El barzal dijo...

P'alante siempre, corazón.
Será por excusas!. Fijo que estar triste echa años encima ¡grrr!. Además, a las que nos gusta canturrear a cualquier hora, echarnos por los suelos, y hacer fotos al alba, lo de estar tristes no nos va nada de nada.

Un abrazo

T.M. dijo...

Hola!
Me ha gustado mucho: "la tristeza es desertora, que está esperando cualquier excusa para pasarse al bando contrario.....la alegría"
Y qué verdad es!
Por suerte, como bien dices en tu comentario, necesitamos poco para dejarla aparcadita e intentar disfrutar de lo que tenemos.
Besos Montse.

entrenomadas dijo...

Epidemias globales de alegría!!!
Me apunto, me apunto a eso.
Genial!!!

Kisses,


Marta