lunes, 9 de noviembre de 2009

Hipocorísticos

Escuché muchas veces a mi abuela pronunciar esta frase: "Me robaron la escuelica". La oí muchas veces explicar cómo le gustaba ir a aprender. 70 años después, aún recordaba que su maestra se llamaba Primitiva. Yo también lo recuerdo porque mi abuela me había contado en más de una ocasión ese episodio que ella vivió, como tantos niños, y sobre todo niñas, en las primeras décadas del siglo pasado. Escolares que fueron sacados literalmente de las aulas para trabajar, para hacer tareas domésticas... Mi abuela hubiera querido seguir en la escuela y se sentía orgullosa de haber tenido tiempo, al menos, de aprender a escribir y a leer. Escribía con cuidado, poniendo todos los sentidos en cada letra, como si se tratara de un ritual cargado de trascendencia. Leía, aun siendo muy mayor, libros enormes que iba consumiendo con paciencia y atención, muy lentamente.
Me he acordado de todo esto empezando a leer la última publicación del Museo Pedagógico de Aragón "Hipocorísticos. Ochenta y cuatro crónicas sobre Educación de Personas Adultas en Aragón", sobre las historias personales y particulares de hombres y mujeres que acceden a Centros de Educación para personas Adultas en Aragón. Para muchas de ellas es la segunda oportunidad, para otras, la primera, de ver restituído ese tremendo hurto: el de la educación.
Estoy segura de que también a ella le hubiera gustado que le devolvieran la escuelica.

En la presentación del libro, escribe Víctor Juan, Director del Museo Pedagógico de Aragón:
"...Pero por encima de todo, la educación consigue despertar la conciencia de que es posible aprender y hacer realidad, en cualquier momento, nuestros sueños".

2 comentarios:

Inde dijo...

Es el texto más hermoso que he leído de todos los que se han escrito sobre este libro...

El barzal dijo...

Jo, muchas gracias.