Tengo que podar los rosales -ahora es el tiempo- para que broten y crezcan en primavera. Pero me da pena meterles el tijeretazo amputador. Tengo que poner orden en el jardín, en general, con ayuda de experto incluída, que no sé que hacerles a los árboles ni a los programadores del riego, ni ná, pero me da honda pereza, sobre todo económica, que es algo que contiene más que la vagancia estricta.
Tengo que llegar a fin de año, comer las uvas, alcanzar y traspasar tal momento sin dormirme, levantar la copa y lanzar al aire deseos de felicidad. Se cumplan o no, los deseos de felicidad de los primeros instantes del nuevo año siempre son sinceros, igual que lo serán otra vez el sueño, el cansancio y las ganas de que pasen los fastos cuanto antes. Mejor aún, que pase todo enero, incluso todo febrero y parte de marzo. Por mí, que llegue ya la primavera, que se autoregenere el jardín y que deje de hacer este jodío frío.
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