Llevo mi caparazón de caracol a cuestas. Con las multitareas, las multiobligaciones y los multivajes dentro. Es difícil avanzar siempre al ritmo requerido, no tropezar, no perder torpemente el paso en algún momento. Es difícil no tener algún olvido. Me resisto, sin embargo, a que un aparatito me diga con un pitido lo que yo quiero recordar. Me resisto a hacer dejación de la memoria que me queda, a ponerle ortopedia y acabar perdiéndola.
Es difícil no llagarse en el camino cuando hay que moverse a rastras y arrastrando, intentando llegar a todas partes. He vuelto a comprobar que la membrana de la cascara del huevo alivia y cura milagrosamente las llagas y las rozaduras de la piel. Me pregunto si hay algún otro remedio casero para las que salen en la epidermis más profunda.
2 comentarios:
Pararse y regalarse uno de los momentos que más te gustan a ti, el que sea o lo que sea... Y luego volver a coger todo lo que llevas a cuestas pero sientes que pesa menos... No sé...
Un abrazo
Exactamente, sí sabes. Aunque a mí me gustaría estar permanentemente en los momentos. Flotando no se siente el peso de lo que se lleva a cuestas :)
Un abrazo
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