lunes, 27 de agosto de 2007

El beso, los besos

Cada cual tiene su cuadro, el que más le atrapa, el que más le reconforta, el que más le transporta al infinito o a lo próximo. Todo eso me pasa con el mío: "El beso" de Gustav Klimt. He ido topando con él durante años. En una pared familiar, en una consulta ajena, en un regalo inesperado...siempre con los mismos efectos.


Los besos obligan a aproximar las caras y los cuerpos, a tocar al prójimo, a oler su esencia. Los besos rompen la barrera del pudor y del distanciamiento. Sacuden repentinamente a aquel que no espera recibirlos y humanizan a aquellos que no imaginabas capaz de darlos.

Los besos abren la puerta de los sueños y del corazón.

Cuántos besos: besos que curan heridas, besos que confortan, besos familiares. Besos hambrientos, besos que sacian, besos que alimentan. Besos robados, besos furtivos, besos al aire. Besos guardados, besos soñados, besos de aire.


“El beso es la obra más famosa de Klimt, exhibida por primera vez en
la Exposición de Arte de 1908. En esa muestra la obra se titulaba Los Amantes y fue adquirida al finalizar la exposición por el ministro de Educación, doctor Marchet, para la Galería Austrica. La obra recibió una entusiasta crítica desde el primer momento. Las figuras de los amantes están representadas ante un fondo dorado que enlaza con los iconos bizantinos y rusos. La pareja se abraza ante un reducido prado repleto de florecillas, siendo difícil interpretar si están arrodillados o de pie. Ese prado finaliza de forma brusca, como si el pintor quisiera situar a los amantes al borde del precipicio”. (Artehistoria, Revista digital)

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