miércoles, 29 de agosto de 2007

Equilibrios en la maroma

Purnas en o zierzo recoge hoy un puñado de reflexiones tan cercanas y certeras, que a párrafos, parece que me oiga pensar. La cosa va de la profesión periodística, si es que aún se puede llamar profesión. Transcribo aquí un fragmento del post:

“Todos los periodistas podemos ser conscientes de que cada nota de prensa es un intento de manipulación. Otra cosa es que lo seamos. Conscientes, digo. Otra cosa es que nos dejemos. Manipular, digo. Pero hoy los medios aragoneses se construyen así. A golpe de comunicado. Hoy hay que llamar para ver si podemos decir balsa, charca o embalse. Hoy hay que pensar antes de escribir a quien podemos molestar. Hoy, aunque hayas visto, no puedes hablar si el gabinete no dictamina. Porque en cada medio hay un gabinete de prensa, desde luego. Más allá del institucional, hay un gabinete que relee lo que dicen los gabinetes, y deciden a qué gabinete hay que hacer caso. Las historias no se buscan. Llegan”. (Leer texto completo)

Me permito aprovechar estas lúcidas afirmaciones para añadir algunas consideraciones propias.“Los medios aragoneses se construyen así” dicen en Purnas y hay que añadir… y los catalanes, y los españoles y seguramente también los de Dakota del norte. Hubo un tiempo en que un comunicado, una filtración, proviniente de una institución era una señal de peligro, de ponerse en guardia: “nos quieren vender algo, por alguna razón. Lo importante no es lo que nos quieren vender, si no ¿por qué?”. Hubo un tiempo en que en las redacciones por pequeñas que fueran había un jefe dispuesto a revisar textos y procedimientos, a exigir confirmación de las noticias, a reclamar profesionalidad al aspirante. Hubo un tiempo, efectivamente, en que las noticias se “buscaban”, se “trabajaban” y finalmente se publicaban. Ahora el procedimiento es inverso y pasivo: se publica aquello que alguna instituición o empresa interesadamente nos ha buscado para mayor gloria de sus representantes políticos o directivos . Y los periodistas copian, pegan y publican. Sé de lo que hablo.

Hubo un tiempo en que no tener amigos entre las esferas políticas e incordiar tanto a los que mandan como a los que están en la cola para mandar, era lo deseable, lo elogiable, lo correcto. Ahora si no eres colega de unos o de otros eres un proscrito. No tienes buenos contactos. Estás al margen.

Y no, no han cambiado los sueños de los jovenes que abarrotan las facultades de periodismo. Todos querrían ser como Bernstein y Woodward, con su garganta profunda y hacer saltar la presidencia del gobierno de turno. Pero los sueños se diluyen - algunos principiantes no oponen mucha resistencia ciertamente- cuando llegan a las redacciones. Se empieza por asumir que la publicidad es lo que nos da de comer, que a la empresa anunciante no le gustaría la noticia y se acaba por dedicar páginas y minutos de información a pequeños tiburones heridos o peces manta que nadan por el mar ( que es donde lógicamente deben estar los animales marinos) o a dar categoría de información de alto interés a lo evidente: que hace calor, que las temperaturas han subido, que hay turistas en las playas en agosto, o que hay que comprar los libros de los críos cuando empieza el curso.

Sí, quizás hace un tiempo era más fácil encontrar profesionales íntegros dispuestos a luchar por “sus” noticias, a poner en riesgo su aceptación entre los jefes por defender su reportaje... pero eso no lo explica todo. Olvidaríamos el quid de la cuestión, lo que realmente ha variado. Esos profesionales tenían una posibilidad de salirse con la suya. Ahora no hay jefes de redacción libres y con criterio para decidir. Ahora hay burócratas que defienden su puesto en la empresa. Sí amigos, esto, por si no lo habíais notado, es un negocio. Un enorme y lucrativo negocio. Y en un negocio se hace dinero.

Si la información vende, los medios que haga falta. Si la información no vende, ni agua. No hay que cansar a la audiencia ni a los lectores con documentados reportajes sobre las razones y las consecuencias de la guerra de Irak. Hombre, mientrás había intercambio de bombas entre soldados buenos y soldados malos, aún. Pero ahora, que exploten mercados y colas de ciudadanos civiles ya no tiene el más mínimo interés. Un minuto para el parte de bajas y a otra cosa.

Y por encima de todo no se muerde la mano que alimenta (a la empresa). Así que no se habla mal de quien se anuncia, de quien participa en el accionariado, de quien un día puede controlar el poder político y económico. No se investigan especulaciones evidentes, de las que se perpetran sin disimulo y a plena luz del día, no sea que nos dejen sin contratos publicitarios, sin subvenciones…

Por eso no hacen falta periodistas experimentados, dispuestos a trabajar con profesionalidad y rigor a cambio de un sueldo justo. Basta con jóvenes contratados en precario que no cuestionan criterios ni informaciones; que se adaptan rápido a las nuevas maneras del teletipo, el comunicado y la rueda de prensa sin preguntas. Y además por un módico precio.

Se podrá decir que no siemrpe es así, que de vez en cuando se destapan escándalos económicos y políticos. Cierto. Pero ¿cuándo y siguiendo el interés de quién se destapan?: ¿cuándo ha acabado una larga labor de investigación de un intrépido reportero que ha contado con el apoyo incondicional durante meses de sus jefes, o bien, cuando los que esperan en la cola para mandar se impacientan y deciden mover ficha y salpicar al rival con lo que hace meses y años saben y callan?. El movimiento de ficha es sencillo. Basta con poner en manos de la empresa periodística afín (la que recibirá muchos y más favores cuando por fin puedan mandar) toda esa información.
En estos momentos la prensa española se divide en dos, la que “trabaja” para los que mandan y la que lo hace para los que aspiran a mandar. La primera consiguie sabrosas exclusivas y destapa tramas del pasado que ensucian a los que mandaron y desean volver. La segunda consigue impresionantes revelaciones destinadas a dinamitar a los actuales gobernantes. No hay posibilidad de error. Sus caminos y sus trabajos de “investigación” no se cruzarán nunca. Discurren en paralelo si interferirse.

Ese esquema general puede trasladarse a cualquier realidad socio-politico-geográfica. También a las más cercanas. La pregunta es ¿qué pueden hacer los informadores de buena fe, dipuestos a buscar noticias aunque incomoden?. Pueden seguir su instinto y su corazón y lograr un rápido destino al despido. Pero si la subsistencia depende de un sueldo a fin de mes pueden intentar adaptarse al difícil equilibrio que supone conservar, a un tiempo, el puesto de trabajo y la dignidad. La maroma es estrecha y se mueve constantemente. Hay que agarrarse firmemente a lo poco que mantiene en pie al equilibrista: cuestionar, proponer y criticar aun sabiendo que la respuesta siempre será negativa; practicar el rigor aunque no se redacte la noticia de siglo. Y por supuesto amar y respetar la gramática y la ortografía. Eso puede hacerse, y poco más.

1 comentario:

Jorge dijo...

Pues sí, chico. Pero salir de la dinámica es tan difícil...De hecho, salir de la dinámica supone renunciar a prebendas, cargos en medios públicos, trabajos en gabinetes y ninguneo en tu propio medio. Y muchos de esos "sueños de facultad" se quedan en eso, en sueños de adolescente. Lo que prima es ganarse los cuartos. Y cuantos más, mejor. Y sí, no es exclusivo de los medios aragoneses, pero son los que tengo más cercanos. Los que vivo desde dentro.