Las hipotecas suben y ahogan a las familias, leemos insistentemente un día sí y otro también, y comprobamos en carne propia minuto sí, minuto también. La mujer se ha “liberado”. Ahora va a trabajar y se realiza. Se realiza estresándose, trajinando a la vez las intendencias de la oficina y las del hogar; enseñando, cuidando, curando a los hijos de los otros con la conciencia atosigando por no hacer lo mismo con los suyos; limpiando las casas ajenas y restando minutos al sueño para hacer los suelos y las coladas propias. Pero sí, se ha liberado.
Las casas en las ciudades, prohibitivas. Hay que vivir fuera. Dos coches, naturalmente, y gasolina para quemar a diario en las carreteras que nos seaparan del trabajo, de las actividades de los niños, y del descanso. Los préstamos nos atan irremisiblemente a la rueda. Imposible dejar el trabajo que nos agota, que nos insatisface, que nos mantiene esclavos al horario, la rutina y el hastío.
¿Es eso el bienestar? Pues si eso es el bienestar, mejor echarse al monte.
Yo me voy con Tasio, aunque sea un ratito en el video. Me pierdo con él por la sierra de Urbasa, con sus hayas, sus pájaros y los tiros sordos de caza, sólo la precisa…
-“ Hacerse con todos los huevos no está ni medio bien. No cojas nunca más de lo que es necesario, así siempre habrá caza. Le dice el padre de Tasio a uno de sus hijos, porque “no hay que espiezar los nidos”.
Serán los hablares y los acentos tan próximos, la lógica de lo sencillo, la verdad de lo simple, la contundencia del paisaje. Será que tenemos una memoria atávica heredada que nos devuelve a lo vivido por los que nos antecedieron. El caso es que me sumerjo en la película de Montxo Armendáriz y salgo a la superficie consciente de que no, definitivamente esto no es bienestar.
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