martes, 4 de septiembre de 2007

Hay días

Ha venido Daniela después de un mes de vacaciones en su país. Ha llegado a casa como siempre, prudente y silenciosa. Con un bonito recuerdo de madera made in Rumania y su castellano atomizado y algo extraterrestre. Daniela suple verbos y adjetivos con ojos de plato y sonrisas eternas.

Cuando se ha licuado su mirada he comprendido lo triste que se sentía por volver y por dejar a sus dos hijas veinteañeras y al resto de su familia a más de 4.000 kilómetros. Me ha puesto al día de sus últimos avatares para renovar los permisos, como sintiéndose culpable por trabajar partiéndose el lomo sin todas la firmas aún en regla.

Después, ágil y a la vez sigilosa, ha emprendido la tarea de eliminar ácaros, olores y detritus de mi casa. Cuando hemos vuelto nos había dejado la apacible atmósfera del orden, el brillo y el olor a Don Limpio. De paso, ha pulverizado la dosis de autocompasión que me tenía reservada para hoy ante la perspectiva de volver pronto al trabajo.

Me la guardo para otro día.

Hay días
Hay días que me asalta
la melancolía
de los inútiles.
(J. A. Labordeta)

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