El trabajo, mi trabajo, resulta a veces tan inútil y tan obvio, que me recuerda a las "Instrucciones para subir una escalera" de Cortázar. Con la diferencia de que el maestro de la palabra y el relato hizo de una acción común y cotidiana una pequeña obra de arte. Yo, en cambio, me limito a quemar minutos de esta condenadamente corta vida con descomunales estupideces. Y, la verdad, no estan los tiempos -de infartos traidores y tumores caníbales- para no hacer lo que uno quiere hacer y para no estar con quien se quiere estar. Pero para eso nadie ha inventado instrucciones.
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