Oyes, ves, lees lo que pasa en este mundo y a veces tienes la sensación de haberte confundido de planeta, de ser un extraterrestre. Lo que más se ve en la tele es una serie horrenda en la que horribles parejas que se odian, se insultan y se ofenden con naturalidad y persistencia, como parte de la convivencia habitual.
Un chaval de 16 años muere asesinado a manos de un fascista con arma reglamentaria y el evento interesa menos que conocer la marca de coche que conducirá un presunto deportista multimillonario que suda yendo a motor. Resulta que lo único que hace tambalear a esta monarquía de porexpan que tenemos son sandeces como las salidas de tono, del uno, o las salsas rosas, de los otros, y no la convicción republicana del personal. Que ya es triste.¿Será que se perdió mi nave y me dejaron aquí, sin yo acordarme?. A veces creo que eso debe ser y busco a ver si reconozco a los otros alienígenas de la tripulación entre el resto de habitantes de este extraño planeta. Y ahí estoy, enviando señales: ti to ti ta ta... por si me contestan, como en “Encuentros en la tercera fase” de Spielberg. A ver si nos vamos de vuelta a otro mundo mucho menos desconcertante que este.
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