viernes, 28 de diciembre de 2007

Hijos

Para bien o para mal dependen de nosotros. Y nos ponemos a la complicada tarea de llevar a buen puerto sus existencias durante el periodo más importante de sus vidas así, sin más, sin saber mucho del tema. O nada. Ni si quiera con valor, sólo instinto e inconsciencia. Sin GPS. A veces, sin el rumbo propio bien definido. Y ahí están los hijos: esperando. Esperando ser atendidos, cuidados y alimentados. Esperando ser educados queridos y protegidos. Esperando nuestra entrega, nuestro optimismo y nuestra dedicación. Y ahí estamos nosotros. Hoy contentos mañana tristes, hoy besos, mañana reprimendas. Hoy todo mi tiempo para ti, mañana nada.

Los queremos y les gritamos, los cuidamos y nos los quitamos de encima, los educamos y les contestamos airadamente. Y ellos continúan navegando relativamente orientados, sin tempestades ni hundimientos. Un milagro. Logran extraer algun provecho de la contradicción y de paso se adaptan a lo que vendrá en el futuro, tan incierto y pendular como nosotros. Y aún tienen el detalle de regalarnos con una sonrisa, un halago, o un homenaje a nuestros defectos y virtudes.
-"¿Me dejas mamá, por favor? -me dijo el pequeño-. Insistía. -Va mamá, dime: ¿sí, o ni se te ocurra?". Le dije que sí, claro.

No hay comentarios: