sábado, 16 de febrero de 2008

Peces, ciudades, hijos

Hemos visto peces, muchos peces. En el acuario de Barcelona. Peces de todos los tamaños y a remojo en todo tipo de aguas: saladas, dulces, frías y calientes. Y hemos visto niños, muchos niños. Sobre todo hemos visto a los nuestros. Emocionados, desaforados, cansados y agotando en todo momento a sus progenitores. Eso lo bordan. Los peces estaban dando vueltas sin parar encerrados en sus peceras. Los críos también andaban sin parar dando vueltas, pero sueltos. No está bien. Lo sé. Pero en algún momento de desesperación he llegado a desear que la situación niños-peces se invirtiera. Momentos de debilidad.

Y Barcelona, como siempre, hermosa y multitodo: multilingüe, multicultural, multicolor...con su estatua de Colón y sus golondrinas. Hasta con el cielo algo gris estaba hoy preciosa.





Y Zaragoza, demasiado lejos para ir también este fin de semana, aunque en espíritu estaré mañana domingo. A las 12, puntual, en la Plaza del Pilar. Otra vez diciendo que no a la OTAN. Ahora contra la instalación de una base militar en Zaragoza. Estamos en un bucle constante. (más información sobre la protesta y el manifiesto aquí)




El ababol

De los hijos
Nuestro lado más oscuro no aflora fácilmente. Suele pasar que no se presenta en su total dimensión hasta que tienes hijos. Un día te sorprendres perdiendo los nervios, agitando manos y blandiendo a grito pelado esos argumentos rancios y autoritarios que juraste que jamás utilizarías. Te roban el tiempo, el sueño y las energías, y encima te hacen sentir como un cabrón/a. Y aún así, por ellos, todo.