miércoles, 2 de abril de 2008

Imaginando primaveras

Observo a mi alrededor intentos claros de boicot a la primavera. Hay persistencia y empeño. Ya hace días que no hablo del vecino de al lado, que es majo, educado, y prudente, pero que le tiene la guerra declarada al reino vegetal. El último combate lo han perdido los cipreses que tenía plantados, majísimos, en el muro de entrada a su casa. Estaban estupendos, verdes, fuertes tupidos..., pues hace unos días agarró la sierra y, a lo Eduardo manostijeras, zaca, fulminó a los arbolitos. Primero los podó, aún no sé para qué, igual era un ritual de tortura vegetal que desconozco, y después los arrancó. Acto seguido -bueno, no muy seguido porque las auto-obras de urbanización tienen su tempo- levantó algo más el muro. Días después observé que allí donde antes hubo vida en forma de ciprés hay ahora una especie de espumillón de plástico o poliuterano. De color verde, eso sí. Si le pone unas bolas, y unas lucecitas tenemos Navidad todo el año. Se le ve encantado y satisfecho con su obra, tanto, que el otro día que andaba dándole los últimos toques desde la calle, tuve que mentirle. No fui capaz de serle sincera. Me autoconcedí el Oscar a la interpretación. Le dije:"¡Uy, que bien te ha quedado!". Las mentiras, cuanto más gordas y desproporcionadas son, menos cuesta soltarlas porque creas distancia.

En el trabajo, el paso de las estaciones no se percibe. Aunque la primavera meteorológica ha llegado, allí continúa el invierno. Tenemos microclima, siempre 10 grados por debajo de la temperatura exterior. A veces, fuera, hace un sol resplandeciente y no te enteras. Las calles que rodean los bajos donde están las oficinas son estrechas y hay edificios altos al otro lado, así que el sol tendría que hacer esfuerzos ímprobos, casi contorsionismo, para tocar las ventanas. Aunque parezca mentira, a veces los hace, pero entonces, alguno de los compañeros se apresta a cerrar las cortinillas, ésas de listones de aluminio. Vuelta y media a la varilla y ni un átomo de luz. Es que les da el sol en la pantalla del ordenador y no la ven bien, dicen. Que se refleje la luz en los monitores es una tragedia sólo superada por "que se pete el servidor". Cuando un rayo incauto que se cuela, ¡zas! exterminado. Son informáticos. Les va lo de la madriguera. Supongo que también podrían ser espeleólogos o mineros.

Las plantas que a veces ha habido en algun estante han ido cayendo una tras otra. Obviamente, porque no hay margen para la fotosíntesis. A mí me pasa como a ellas. También me mustio sin luz. Así que, varada entre el asiento ergonómico, la mesa del ordenador y el reposapiés me imagino funciones clorofílicas y polinizaciones para reverdecer el paisaje, aunque sólo sea el interior. Así van floreciendo sin parar primaveras inventadas, a todo color. No deja de hacer frío y la luz continúa igual de esquiva pero la cosa se hace mucho más llevadera.

El ababol

La imaginación es el único fármaco que existe para combatir la realidad cuando ésta parece inmutable. El tratamiento es sencillo, la automedicación está permitida y no se conocen muertes por sobredosis. Sólo algún caso de adicción.

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