domingo, 4 de mayo de 2008

Instinto natural

Si pasas el puerto de Monrepós y te das de bruces con el Pirineo puede pasar que la emoción te pellizque la tripa y te pongas a gritar y a aplaudir de contento. Ocurre, a veces, que el habitual desapego al paisaje y a lo natural hace que nos quedemos sin aliento cuando se produce el reencuentro. Pero esos retornos son absolutamente necesarios porque nos reavivan los instintos naturales, tan camuflados bajo capas de feliz apariencia y frenético bienestar.


Nuestros antepasados se reirían si supieran que un paisaje puede cortarnos la respiración. Somos como abejas que hubieran sido capaces de hacer miel sin recurrir a las flores y ahora las redescubrieran y pagaran por ir en excursión al campo a disfrutar del néctar, que siempre estuvo allí. Las flores, los montes, los ríos y las vacas siempre han estado ahí. Nosotros volvemos esporádicamente para verlos y recordar de dónde venimos. De paso, refrescamos nuestros instintos.

Fanlo

Hayedo en el Parque de Ordesa

El instinto natural no se rige por normas, tampoco las de circulación. Por eso, en medio de una carretera, una vaca alimenta a su ternero y los coches esperan. Hay prioridades.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy majas las fotos y respecto a lo de gritar y aplaudir seguro que yo haría lo mismo.

Anónimo dijo...

Muy bueno tu post.
¡Un abrazo!

Mamen dijo...

Y así es, hay prioridades y el instinto natural no se rige por normas.

Estás sacando muy buen partido de la cámara ¿eh? Las fotos muy bonitas.

Cuando voy al pueblo, sólo quiero ir al campo, pero la familia "apegada" que vive allí, pues no. Te miran con cariño pero como perdonándote por no ser de allí, por no comprender que ellos "demás" lo disfrutan, o más bien lo SUFREN todos los días, y se sonríen de las admiraciones que suelo hacer a todo lo que me rodea...
¡para ellos todo es tan natural y normal! pero para mí no, que me crié en la capi, y el único contacto que tuve con la naturaleza fue a través de los campamentos juveniles.
Pero yo, a mi marcha...seguiré admirando lo que parece tan normal.

Un abrazo.