miércoles, 7 de mayo de 2008

Un idioma

Hay un idioma sutil, sin ortografía ni gramática propia, sin fronteras que permitan delimitar su dominio lingüístico. Sin reales academias ni diccionarios. Ese idioma no tiene normas, no se cometen faltas y con él pueden comunicarse habitantes de los puntos más dispares del planeta, aunque tengan historias, horarios y comidas diferentes. Ese idioma traspasa la barrera de las apariencias, del pudor y del quedar bien. Despoja de armaduras, de corazas y de vistosos adornos y llega, así, hasta lo más hondo de los sentidos. Es el idioma del alma.

No todos son capaces de activarlo o de percibirlo pero, cuando los que sí lo hacen se encuentran, saben reconocerse fácilmente. A menudo, ni siquiera es necesario que oigan la voz de su interlocutor, basta con mirarse a los ojos. Ese idioma posee un lenguaje amplio, cargado de signos y de gestos, que se sirve del tacto, de la vista, del olor y del sonido. También del silencio. Es un idioma eterno, que no se gasta con el tiempo y que tampoco se olvida, aunque no se practique habitualmente. Sencillamente, llegado el momento, fluye de modo natural.

Gustav Mahler. Quinta Sinfonía - Adagietto




El ababol

Cuando se habla con el alma surgen conversaciones balsámicas, de ésas que acarician suavemente el corazón y curan heridas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso y auténtico.
Sigo tu blog porque me identifico con muchas sensaciones y situaciones que describes.
Saludos de una chica a la que le gusta el lila también.