martes, 17 de junio de 2008

Verde

Lo más impactante del Norte es el contraste. Justo detrás de un alto edificio de pisos emerge el monte. Parece que estés viendo esos decorados superpuestos de las obras de teatro de aficionados que esperan a que llegue su turno para ambientar la escena adecuada. Pero, allí, los más diversos decorados conviven simultáneamente como algo normal, porque comparten de manera permanente el mismo escenario. Y eso es lo que más sorprende al que llega: esa capacidad para combinar opuestos con naturalidad. Los opuestos se ven, cara a cara, en el margen izquierdo y derecho de la Ría. Se miran Guetxo y Santurzi, el puerto deportivo y las barcas de pesca. Se ven, frente a frente, Deusto y el Guggenheim. Y todo lo amalgama el verde. Ese verde tan diferente del escaso y algo mustio al que estamos acostumbrados los que acudimos de visita. Ese otro verde nos obliga a parpadear varias veces para permitir a la retina asimilar tanta potencia cromática. Cuando vuelves al paisaje habitual te parece que alguien olvidó limpiar el cristal por el que se ve el mundo, porque todo tiene un tono más opaco, más apagado y demasiado parecido entre sí. Sin contrastes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gràcies per retenir aquestes vistes i espero poder seguir mostrant-te, en una altra ocasió, més raconets del meu petit país adoptiu... Aquí i a casa meva (sigui on sigui) sempre seràs benvinguda. Musu bat eta gero arte! C.