jueves, 19 de junio de 2008

Idas y vueltas

Los aeropuertos y las estaciones son como cámaras de descompresión, transición inevitable entre la sed de viajar y la resignación del retorno. Lugares de paso. Inicio y final de trayecto donde se respira la ilusión o la melancolía en función de si se va, o se regresa.

Los aeropuertos y las estaciones son como puzzles gigantescos de piezas que no encajan. Se mezclan colores de piel y estaturas dispares, botas de invierno y chanclas playeras, ejecutivos de corbata y maletín y sombreros mejicanos, burócratas del viaje y entusiastas de mochila y saco de dormir, profesionales del ir y venir y seres capaces de maravillarse con las cintas transportadoras de maletas...

En los aeropuertos, como en las estaciones, se condensa la amplia gama de emociones que los humanos somos capaces de desplegar: la rabia por el retraso, el gozo por la partida, la impaciencia por la espera, la preocupación ante lo desconocido, la solidaridad con el improvisado compañero de cola, la curiosidad por las vidas ajenas que nos rodean... Un microcosmos de sensaciones tan variado como efímero, que se desvanece tan pronto como nos embarcamos o cruzamos la puerta de salida. Un mundo que gira en paralelo al nuestro y al que sólo acudimos esporádicamente. Siempre de paso.

Pero el viaje, como dice Saramago, no termina jamás.

"El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración. El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje."
(José Saramago. Viaje a Portugal)


El ababol

Le vio partir y cuando su siuleta se perdía por la línea del horizonte sonrió al recordar que la Tierra es redonda.

1 comentario:

Mamen dijo...

"Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar siempre de paso, de paso, de paso..." (Hoy cantaré a Aute pues)
Microcosmos esporádicos, paralelos... pues sí.
Un abrazo.