Me hubiera gustado estar en Benicàssim este pasado domingo justo a la hora en que Leonard Cohen ofrecía su concierto. Pero mi fin de semana alternativo me tenía preparados otros planes: tres niños (dos propios y un amiguito añadido), elaboración masiva de menuses infantiles (macarrones, pizzas... no le vas a dar verdura al amiguito pa un dia que viene, ¡que se la haga su madre y que la odie a ella!), y cine, naturalmente, manteniendo el nivel de todo lo anterior: Kung Fu Panda. Más majo, el fin de semana...
Y Leonard allí, con su voz grave retumbando en la entraña, su poesía bella y elegante, su take this waltz, su Suzanne, su dance me to the end of love... Pues nada, a falta del original, versión enlatada. No es lo mismo, claro, pero lo bueno que tienen las cosas enlatadas es que avanzas, rebobinas, y te las pones tantas veces como quieres.
Esta no me canso de oírla
Leonard Cohen. Dance me to the end of love
El ababol
La vida sólo tiene botón de play. Una lástima porque, en ocasiones, querrías atrapar un instante de la melodía y quedarte en pause para siempre.
1 comentario:
Qué grande es Leonar Cohen!!
Tengo una anécdota familiar que en cuanto pueda te la cuento, es decir, en cuanto tenga mi ordenador cerca.
Me voy a escucharlo...
Imprescindible Cohen
M
Publicar un comentario