Entre los despropósitos más manipuladores -y por ello doblemente perverso- a los que asistimos últimamente está el engendro ese del "manifiesto por la lengua común". Un panfleto reaccionario y faltado de cualquier atisbo de rigor que dice querer proteger el español de los ataques y las amenazas que suponen las otras lenguas que se hablan en el Estado. Sería para partirse de risa, si no fuera patético, incluso bastante dramático, sobre todo, porque lamentablemente hay quien llega a creérselo. 

Tiene una la fortuna, el enorme privielegio, de poder ver y vivir la vida en dos lenguas. Cosas de la biografía de cada cual. Así que puedo leer, cantar, hablar, y vivir tanto en castellano como en catalán. Seguramente también puedo soñar en ambos idiomas, aunque nunca me acuerdo en cuál de los dos lo he hecho (igual no se sueña en ninguno). Y creo que soy por ello una privilegiada, porque a mí nadie me tiene que traducir las canciones de Llach, ni de Raimon, y puedo leer en su idioma original a Espriu, Ausiàs March, a Llull, y a tantos otros. Y puedo disfrutar de un amplio patrimonio cultural al que otros, en cambio, no pueden acceder tan fácilmente. Y me hace feliz que mis hijos disfruten también de ese regalo que supone manejar perfectamente dos idiomas y ampliar su perspectiva lingüística y también vital.
Puedo asegurar que ello ocurre sin que el castellano pase ningua penuria ni le aceche ningún peligro. ¿De verdad alguien cree que una lengua que hablan unos 400 millones de personas puede estar amenazada por otra que intentan mantener viva unos cuantos millones, los más optimistas dicen que 9?. Sí, de tan rídículo que suena daría risa, si no fuera - insisto- porque algunos incautos (que evidentemente no viven la realidad de esas lenguas minoritarias) lo pueden llegar a creer.
A mí me gustaría no perder ese doble patrimonio lingüístico. También me gustaría que los ciudadanos que hablan catalán pudieran ir a un bar, a un restaurant, a una tienda de cualquier ciudad de Catalunya y poder pedir en su idioma alguno de los artículos que se sirven o se venden. Puede parecer mentira, pero en muchísmas ocasiones ello no es posible, porque no les entienden. Así que la segunda petición ya no la hacen en su lengua materna, sino en castellano . No se ha dado jamás el caso inverso, porque no hay catalanoparlante que no entienda el castellano. ¿Qué lengua está en peligro, pues?. ¿De qué planeta extraño han salido los firmantes de ese manifesto?. Está claro que hablan sin conocimiento alguno de casua. ¿Cómo se puede denunciar algo que no se ve, que no se vive, sin pruebas y estando a muchos kilómetros de donde supuestamente se comenten esos atroces ataques al castellano?. Seguramente se puede, sencillamente, porque se quiere. Básicamente se quiere utilitzar la lengua como arma arrojadiza con estrictos fines políticos. Pero en la política no todo debería valer. No se pueden poner alegremente en riesgo derechos que costaron muchos sacrificios conseguir: persecuciones, cárceles... Derechos tan elementales como que todos puedan expresarse, ahora y siempre, en su lengua materna y que la lengua que hablan no corra el riesgo de extinguirse. Sobre todo, que no llegue a peligrar porque un grupo de seres con ansias manipuladoras han decidido hacer y vender política e ideología a costa de ese patrimonio heredado de padres a hijos que tanto ha costado preservar y con el que muchos también hemos aprendido a relacionarnos, a amar y a vivir.
El diario Público publica hoy un interesante, y saludable artículo que invito a leer: "Nuestras lenguas comunes", firmado por siete profesores y catedráticos de Universidad. Un texto amplio, clarificador y necesario en relación al "manifesto por la lengua común" y que acaba así:
"Pena es que, por muchos esfuerzos que se hagan, el texto (en referencia al manifiesto) no acierte a ocultar la defensa obscena de privilegios tan impuestos como asentados, y la ritual demonización, también a tono con los tiempos, de quienes disienten, paradójicamente tildados, a menudo, de fascistas y totalitarios. Que semejante campaña sea atizada, en suma, desde medios de comunicación y cenáculos de la derecha más montaraz dice mucho de su sentido más profundo".
Si se puede, éste sí que lo firmo.
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