En alguna cadena de la televisión inglesa, no recuerdo cuál, emiten un programa que se llama "A place in the sun" (un lugar en el sol) en el que parejas británicas, básicamente de jubilados, visitan casas en venta que una agencia les muestra, con la característica común de estar en algún lugar soleado y a no mucho tiempo de vuelo de las islas británicas. Son, básicamente, casas, chalets, apartamentos, etc., del sur de Francia y sobre todo de España. Todo lo encuentran lovely: el "patio", el little garden, el huertecito, la piscina comunitaria, incluso el secarral circundante, siempre que haya un poco de sol. Eso que tanto escasea en su lugar de origen. Los he llegado a entender y he vuelto a casa pensando que, efectivamente, lo de aquí es lovely, también. He disfrutado con el verde del paisaje, con los árboles y los jardines frondosos y espectaculares que hallas por cualquier rincón de Inglaterra. Todo éso que he podido ver a cambio de sólo unos pocos días de lluvia. Ellos, por el contrario, lo ven a diario pero llevan viendo llover toda la vida. Lógico que quieran un lugar en el sol.

Cuando se es de biorritmo fácilmente maleable por la meteorología (es mi caso), lo de la lluvia constante y lo de no ver el sol se asume con deportividad y como algo typical cuando se está de vacaciones. Pero la perspectiva de tener un clima así, de forma permanente, resulta bastante insoportable. De los viajes te traes reflexiones obvias y constataciones ya sabidas como ésas. También vuelves con bellos recuerdos: paisajes preciosos, ciudades encantadoras, otras cosmopolitas, edificios únicos... esas cosas que siempre se pueden revisitar en formato digital o en papel gracias a las fotografías. Hay otras, sin embargo, que no pueden captarse con una cámara, por buena que sea: la emoción por el reencuentro con las personas que quieres, las risas, viajar apretujada entre tres niños en el asiento trasero de un coche comiendo gominolas de ositos, cenar exquisitamente en un lugar encantador en pleno condado de Kent con buena compañía y oyendo de fondo cantar a Carmen París, ir en tren a Londres con tu hijo, simplemente, a ver y a pasear, y a compartir juntos un día tan agradable y rico como agotador... Todas esas cosas también se traen de vuelta, aunque no se pueden enseñar y compartir como las fotos y, difícilmente, se pueden describir con palabras, aunque lo intente en un post. Esas cosas se sienten en el momento y después se guardan en algún lugar del alma (a place in the soul) al que se debe acudir a menudo. Tan necesario como ver el sol.

4 comentarios:
Cuánto me alegro que hayais disfrutado de esas islas, tan sumamente extrañas a pesar de ser cercanas para mí. Admiro a todas vosotras que sois capaces de desenvolveros con naturalidad con un idioma y con unas gentes que allí creo que se me haría demasiado complicado...una, necesita sol.
¿Carmen París en el condado de Kent? ¡ostris!
Las fotos son necesarias para no olvidar o comprobar algún detalle("porsiaca"), y poder redisfrutar cuando te apetezca y puedas lo vivido. Dejar escapar alguna lagrimilla o alguna sonrisa de las que te ocupan toda la capacidad torácica. Yo las necesito.
"Algún lugar del alma" me lleva a la canción de Alberto Cortez "en un rincón del alma"...pura ¡oh melancolía! casi de Silvio. Recuerdo las veces que la entonaba mi padre.
Hoy en Zaragoza hace un tiempo muy inglés, y como dice un vecino mío de allí, hoy es día de calzar sus botas verdes hasta la rodilla de agua...¡madre si son raritos! jajaja
Un abrazo.
Pelín extemporáneos, si son, pero también muy amables y educados. Eso también vale mucho.
Carmen París suena en Kent gracias a la dueña del restaurante que se ve en la foto, una zaragozana estupenda a la que conozco bien y con la que comparto muchas cosas. El gusto por la París, por ejemplo.
También a mí me gusta mirar y remirar fotos, recordar lo que se ve y lo que no se ve. O dejarme llevar por la imaginación y acercarme a los recuerdos de otras personas viendo sus fotografías. Mirando a través de sus ojos paisajes que difícilmente podré ver con los míos.
Aquí también ha salido mustio el día, pero ayer ¡de cabeza a la playa que me fui con los críos! casi recién aterrizada. Aspirando sol a toda máquina para compensar tanta agua. Aún ando a medio centrifugado.
¡Un abrazo!
Canterbury es uno de mis lugares preferidos, me encanta.
¿Sigue igual de bello?, espero que sí.
Ayer tuvimos en Zaragoza un día muy inglés con olor a paraguas. Para que no eches de menos el mundo british.
Bienvenida al desierto sin dunas de la ciudad nuestra.
M
Canterbury, y todo England, igual de bello y de húmedo, as always. El clima les da un toque nostálgico y melancólico. Aunque esas cosas también se pueden sentir en los desiertos sin dunas.
Besos
M.
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