La chica
Mientras se tiene madre y tía, una siempre es "la chica". Es indiferente los años que una tenga, igual da 10 que 40, o incluso que sea madre, a su vez. No dejas de ser la chica. "Esta chica está flaca, ¡ay, esta chica!, ¿qué hace la chica?..". Y a pesar de las épocas de agotadora persistencia del "cuídate y come" una se alegra de que estén ahí, pendientes siempre, aunque sea a distancia, de la chica.
Ando estos días reescuchando a Labordeta. Hoy me auto-regalo ésta, que me gusta un montón.
3 comentarios:
El 21 de febrero de 2006 escribí algo que tu comentario me ha recordado. Lo anoto aquí. Víctor
"Justo hoy se cumplen 11 años desde que después de treinta años de ejercicio más o menos ejemplar y cargado de temores, dejé de ser hijo. Sé que es difícil de entender, pero una niña de cinco años me enseñó que somos hijos, vivimos como hijos y pensamos como hijos hasta que decidimos ser padres. Y cuando estrenamos nuestra condición de padres, lo hacemos para siempre. Aunque los hijos crezcan y sean más fuertes, más grandes o más inteligentes que nosotros, aunque se marchen muy lejos, nos sintamos enfermos o agotados... Somos padres para siempre.
No me atreví a entrar en el quirófano. Le di el pie del gotero a una enfermera y me quedé clavado en la puerta. Me miraron extrañadas. "No estoy preparado para entrar". Entonces me miraron como si fuera gilipollas. Puede que a los treinta ya no me importara cómo me mirara la gente, pero esto no lo podría asegurar. Evité pensar en nada. No sé cuánto tiempo pasó hasta que se abrió la puerta de nuevo. El pediatra la traía envuelta en una toalla. Sólo acerté a decir:
- ¡Que ganas tenía de oírte llorar!...
- Te vas a hartar -me compadeció el médico.
Desde ese mismo instante, supe que ya nada me dolería tanto como su dolor.
Tres veintiuno de febrero más tarde, entré en el quirófano. Quizá fue la madurez o el mismo ejercicio de la paternidad. Se dormía cuando le cantaba Si tú me dices ven. "Ya he ido mucho a la escuela -me dijo dos semanas después de empezar su primer curso-, ahora llévame otra vez con la yaya". Me manda correos electrónicos en los que cuelga un abrazo. Goza mientras lee, nadie entiende mejor que él a nuestros perros, es zaragocista, se ofrece permanentemente a la vida y, en caso de duda, me abraza siempre".
Felicidades... Ya verás como el cambio de prefijo casi ni se nota.
También me ha apetecido a Labordeta. Lo he mentado mucho estos días, a Labordeta digo jajaja...Estos dos días que quedan de ir y venir con el coche,me lo pondré.
Yo también soy, no la chica, pero sí la niña.
Un abrazo.
Publicar un comentario