viernes, 23 de enero de 2009

Espejismos

La ciudad parecía haberse transformado en desierto, con temperaturas inhabitualmente cálidas y un aire arremolinado dispuesto a cambiar el paisaje, aunque sin dunas. Un día propicio para los espejismos que se aparecen a los caminantes sedientos. Imágenes desvaneciéndose al tocarlas con la punta de los dedos. Sueños que se confunden con la realidad, o quizás realidad fundida en sueño. Las farolas soñaban ser palmeras, los coches camellos, y, la calle, un oasis paradisíaco donde acudir a calmar la sed tras una larga travesía.
He traído conmigo montones de arena fina en los zapatos.