Evasión
Llevo ya varias reuniones poniendo a prueba mis mecanismos de evasión. Minutos y horas oyendo hablar de procesos y procedimientos, informes de no conformidad, objetivos anuales y auditorías y, sobre todo, de lo importante que es este año obtener certificados de calidad, premios, Isos... Es la nueva filosofia empresarial a la que se adhiere con absurdo y estúpido fervor la Administración.
Está de moda aplicar parámetros industriales a todo tipo de trabajos: la enseñanza, la sanidad, los servicios en general, y peor aún, aquello que tiene que ver con la creación propia. Tan de moda está, que ya no es un plus. Lo tiene todo el mundo. Se enmarcan los titulitos y se cuelgan en las paredes. Oficinas, centros, equipamientos y empresas empapeladas de certificados y sellos de calidad con los que empieza y acaba toda finalidad, porque no sirven para mejorar nada. Todo se hacía ya igual, pero sin perder tanto tiempo y con mayor flexibilidad. Los titulitos sólo sirven para engrosar el curriculum del jefe de turno y para dar trabajo a los del gremio de la enmarcación.
Y en ello están. No escatiman recursos y, lamentablemente, tampoco reuniones. Un suplicio, si no fuera porque me evado. Con profesionalidad y disimulo. Casí me atrevería a decir, humildemente, que con maestría. Empiezo por la logística doméstica, la lista de la compra... y sigo con cosas más gratas hasta llegar a los paseos por mis islas paradisíacas favoritas. Debo controlar para no poner cara de entusiasmada, o de lela, porque levantaría sospechas. No se puede poner cara de felicidad oyendo hablar de indicadores y procesos. No cuela.

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