
Llegado el momento, no quiero que me mantengan viva artificialmente, ni vegetar gracias a una máquina. No quiero que se alargue inútilmente un final cierto y agónico, ni que se gaste una sóla gota de sangre ni de suero para lo que no tiene remedio. Ni que me metan en una caja con un crucifijo en la tapa. Pero como no creo que decirlo en un blog valga (aunque aquí lo dejo porsiaca), voy a investigar lo del testamento vital y a hacerlo. Ya tardo.
Hay mucho buitre carroñero que no deja ni vivir, ni morir en paz. Que no respeta el dolor de un padre, ni la dignidad de una hija. Ni su intimidad, ni su imagen. Beppino Englaro tiene derecho a enterrar a su hija y a intentar vivir con su recuerdo. Tristemente. Dolorosamente. Al fin.
Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me dexarás nunca,
sombra que sempre me asombras.
Negra sombra
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