jueves, 12 de febrero de 2009

Jessi y Romi

Jessi y Romi son rápidas y eficientes. Igual te marcan 35 euros de sin plomo en el surtidor número 3, que te cobran una barra de pan que ellas mismas hacen en el horno rápido. Con su guante especial para no quemarse y salvaguardar la higiene. Sé sus nombres porque los llevan escritos en unas tarjetitas prendidas en sus delantales rojos. No es fácil ofrecer un buen servicio en esos establecimientos transversales de gasolinera, donde lo mismo encuentras salvaslips que alfombrillas de coche, o esos regalos de última hora que te salvan de un olvido imperdonable: actionmans y barbies en la sección de olvidos infantiles, y lotes de colonia en la sección de olvidos adultos. El paraíso de la diversificación comercial. También alquilan videos y venden leña para las chimeneas de los adosados de urbanización que se extienden a pocos metros de la carretera. Los trocitos de tronco, simétricamente cortados, van en unas bolsas de rejilla que se apilan justo a la entrada.

Se les nota que tienen experiencia, y también mundo, porque se manejan con soltura y profesionalidad ante cualquier circunstancia y cliente. Por delante de su diminuto mostrador pueden presentarse motoristas de los de sin casco y aliento dudoso que quieren poner dos euros y medio de gasolina. También individuos de vehículo tuneado, chumbachumba atronador y pupilas dilatadas que sólo venían a por unas bolsas de gominolas. Jessi y Romi no escrutan, ni juzgan. Son auténticas profesionales. Y siempre tienen un gracias, aunque sean de esos gracias impersonales y de corridillo que salen cuando ya llevas dichos varios miles.

Pero Jessi y Romi tienen, por encima de todo, un don especial. Son capaces de atenderte de modo impecable y mantener, en paralelo, una conversación que se abre y se cierra, se interrumpe y se retoma, sin estorbar el discurso narrativo. Mientras Jessi me pide que firme el recibo de la tarjeta, escucha a Romi decir que no quiere saber nada más de él, que qué se ha creído, pues buena es ella, que por las buenas lo que quieras, pero que no lo llamará más, que se ha pasado tres pueblos. Jessi asiente y, mientras le devuelvo el papelito ya firmado, replica convencida que sí, tía, que pasa de él y te vienes con nosotras al cine este sábado.
Las observo y me maravillo. Gracias a ellas puedo mirar sin rencor el indicador del nivel de gasolina del coche, sabiendo que cuando se vacie el depósito las volveré a ver.

1 comentario:

entrenomadas dijo...

Oye, tienen que leer esto.
Entre otras cosas porque es muy bello, además de que seguro se lo merecen.

Besos,
M