lunes, 16 de febrero de 2009

Spiderman y el mago que miraba el mundo

Así como par rematar los trajines del día, la última parada por el mundo exterior de la jornada ha sido la fiesta de cumpleaños de una amiguita del pequeño, en un pseudochiquipark. Los he visto peores, que no me quejo. Ya en casa, me ha costado Dios y ayuda -y bastantes toallitas desmaquilladoras- quitarle la pintura de spiderman que llevaba en la cara. Y no digo ya, arrastrarlo a la ducha y meterlo definitivamente en su cama, rendidico, pero aún vale la cuerda que tenía.
Su hermano mayor ha asistido al ritual, pero en otro nivel. Al final de la fiesta infantil les ha hecho un truco de magia a los críos, que han aplaudido a rabiar después de quedarse boquiabiertos con los pañuelos de mil colores que ha hecho aparecer. Durante la vuelta a casa, en el coche, conversaba conmigo en plan mayor. Me ha confesado que no entiende a las niñas, que van siempre en grupo, hasta para ir al lavabo, y que siempre hablan de cosas "que no quiero ni saber". Me ha dicho -literal- que, a veces, cuando las ve, le parece que el mundo da vueltas y él está parado, mirándolo.
Y mientras, el spiderman se comía una bolsa de gusanitos en la sillita del asiento trasero sin decir ni palabra.

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