El 12 de octubre en la televisión publica, la del ente, se ha despilarizado y se ha hispanizado. Que sí, que es muy triste que la patrona de la gran Cesaraugusta lo sea también de cuerpos armados, vease la guardia civil, y más triste es tener que de pedir y ver como, además, el día de la santa patrona lo es también de esa cosa tardo-casposa que se han inventado y que llaman hispanidad, o peor aún, día de la fiesta nacional. La hispanización ha ido ganando terreno en la televisión pública, la de todos, que ahora nos deja sin ofrenda y nos casca militares de tierra, mar y aire, cabras y legiones al compás de cornetín y bandera rojigualda. ¡Aggggg!.
Yo recuerdo esos 12 de octubre de años ha. Los vivíamos en casa como el dia de la loteria de Navidad, con la tele de fondo toda la mañana, pero en vez de oír a los niños de San ildefonso, oíamos el ambiente de la ofrenda y esos comentarios impagables sobre el ritmo que llevaba la confección del manto, o los bellos trajes de participantes venidos de algún país de ultramar. Y cuando actuaba algún grupo y se oía alguna jota nos recorría la emoción y nos íbamos al televisor, igual que si los niños hubieran cantado uno de los premios gordos. En fin, otra cosa.
Consciente de que hoy no vería la ofrenda (ni en directo este año, ni televisadamente aquí donde me hallo) y que los únicos trajes que me esperaban en caso de encender la tele eran los verde-caca, quiero decir caqui, me he abstenido de enchufar la caja tonta, que hoy era tonta de remate. Hasta el telediario de la noche no he visto de refilón a los legionarios acelerados con los rifles en ristre (que qué miedo, oigan, que es ver el ejército por la calle y dan ganas de huir a Perpiñán, pa porsi). Pero algo había de extraño en todo aquello, porque los mismos que habían acudido al evento enardecidos con sus banderitas bicolor proferían gritos y pitos sonoros dirigidos hacía el lugar que ocupaban las autoridades. Ay!, por un momento (sí, vale, sólo un momento) me ha parecido estar ante una demostración de justicia poética.
2 comentarios:
Me ha encantado lo de la justicia poética.
Un abrazo maño
Sólo se trata de una cuestión numérica. Si fuéramos el triple de gente la aragonesa, seguro que alguien en algún telediario "nacional" se acordaba de decir que hoy era la fiesta grande en Zaragoza. Pero como no es así, toma guardia civil, desfile y paso marcial.
Es una penica, ¿eh?
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