Supongo que nada te retiene en un lugar hasta que no tienes muertos enterrados en él. Yo no tengo muertos en esta ciudad y espero no tenerlos. O no verlo, al menos. Mis muertos están en otros lugares. En realidad, todos mis muertos, los de verdad míos, están en el mismo cementerio, en uno de ésos que tienen lápidas con fotos ovaladas que permiten a sus vecinos aún vivos reconocer a sus propietarios y decir al pasar: -Mira la Vicenta, ¡qué guapa era!, y ahí está su chico, que murió de accidente, pobrete. Y ves esas imágenes desgastadas por el paso del tiempo y las modas y recreas una historia cercana que no ha caído aún en el olvido. Y no lo hará hasta el día en que desaparezca el último vecino capaz de recordarla y de explicarla al cruzarse con la lápida el día de Todos los Santos.
Aunque paso por delante de sus muros a diario, nunca he entrado al cementerio de la ciudad en la que vivo. En esta ciudad de clima cálido y aire sereno, los muertos no ven desde sus nichos cómo el cierzo arranca las flores de los jarrones y congela el llanto de los que se despiden de ellos. Así son las despedidas. Así son las mías, al menos. Con lágrimas tan heladas que queman el rostro.
Yo no tengo muertos en esta ciudad. Y espero no tenerlos. O al menos, no estar ya para verlo.
2 comentarios:
Tampoco tengo yo muertos aquí, donde azota el cierzo.
Ayer lo pensaba: no tenemos en casa "ceremonias" para estos días porque siempre hemos estado lejos.
Solo "practico" los rituales de la familia de mi marido pero no sé, no los siento del todo míos.
Lo malo es que llegará el momento.
Qué precioso post, Barzal. Lo siento igual que tú, algo en ese tono escribí hace ya un par de años, es curioso que tengamos ese sentimiento sobre los cementerios pequeños.
Yo tampoco tengo muertos en esta ciudad y no querría tenerlos nunca, el cementerio macro que hay aquí me parece horrendo.
Pero sí me ha pasado una cosa muy curiosa: se dice que uno no es de un sitio hasta que allí no le nacen hijos o se le muere alguien; y yo hace ha unos años que no es que me sienta de Zaragoza, pero sí que la ciudad es un poco "mi ciudad": aquí han nacido mis dos hijos y aquí murió mi madre.
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