El polvo volcánico nos recuerda que somos simples mamíferos bípedos incapaces de volar. Ahora mismo, un minúsculo abejorro, en el jardín, hace incursiones aéreas infinitamente más largas que cualquiera de nosotros. Quien quiera volar, que lo haga con la imaginación. Sin nubarrones, sin biodraminas, sin ventanillas diminutas.
Acumulemos horas de vuelo sin motor, a cielo abierto. Seamos felices. O intentémoslo.

Las florecillas de mi jardín han vuelto, otra temporada más. Sí, con otro color y otro lustre, pero ahí están dignas, hermosas y estupendas. ¿De qué, si no, iban a acudir los abejorros?
3 comentarios:
¿De qué si no, iban a acudir los abejorros?, jajaja qué bueno Montse. Así es, siempre hay un abejorro para una flor, tenga el color o lustre que tenga...
Y desde luego los mejores viajes son los que se pega una con la imaginación...sin lugar a dudas.
Feliz primavera!!!!
Feliz primavera, bonita!.
Y feliz primavera a ti. Bien florida."Sin nubarrones, sin biodraminas, sin ventanillas diminutas". :)
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