De vez en cuando hay que sacar la cabeza y reponer oxígeno. El del monte está ahí. Ir a buscarlo, además de oxigenar y abrir los poros, nos devuelve la mirada hacia arriba, nos acerca a las nubes, a las copas de los árboles y a las rocas que se alzan buscando el cielo. Y por si todo ello no fuera suficiente, puede que en el camino no dejen de revolotear mariposas, decenas, cientos, miles... bueno, casi. Nos han acompañado durante toda la excursión. La que hemos hecho mis niños, servidora y ellas.


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