sábado, 12 de marzo de 2011

Temblores

Veo la situación nuclear de Japón como consecuencia del fatal tsunami y no puedo evitar notar un escalofrío mimetizante, pensando en las tres carracas nucleares que tenemos aquí cerca: véase dos en Ascó y una en Vandellòs. Que, oigan, aquí no hace falta ola gigante ni terremoto para que fallen, que el sistema de refrigeración puede estropearse, perfectamente, por cuatro algas que se enredan en las turbinas y que no me lo invento, que las pruebas lo atestiguan.
Ambas centrales están gestionadas por la Asociación Nuclear Ascó Vandellòs (Anav), propiedad de Endesa e Iberdrola como segundo socio minoritario. A lo largo de 2010 ha destacado que Ascó I se reconectó a la red eléctrica a mediados de enero tras cerca de dos meses de trabajo en la turbina principal, así como los problemas que registró Vandellòs II en febrero en sus sistema de refrigeración a las pocas semanas de estrenarlo. Dicha central también vivió un fallo en las barras de control que le obligó a parar 19 días. En el mes de mayo la unidad de Ascó II procedió a realizar su 19 recarga de combustible, antes de que la presencia de algas procedentes del río Ebro en la toma de agua de la central obligara a reducir su potencia un par de veces. (Fuente: La Vanguardia 17/1/2011)
 Público 4/02/2011
Los japoneses, harticos como deben estar de hacer simulacros y aplicar los sistemas de seguridad más avanzados, están ante un problema nuclear de dimensiones que ahora mismo aún no son calculables y que dan miedo sólo imaginar. Aquí, que tenemos centrales obsoletas y agotadas a las que les cambian piezas a lo lego, y en las que nunca pasa nada hasta que se descubre que ha habido un escape de unas particulillas nucleares, pero que total, nada... Aquí -digo- ¿qué nos puede pasar aquí? Claro que no estamos en una zona de actividad sísmica, pero lo de Japón debería ponernos alerta (más si cabe) sobre los riesgos reales de la producción nuclear y sobre la vulnerabilidad de las instalaciones y sus mecanismos de seguridad, en general, pero sobre todo cuando se enfrentan a situaciones extremas o imprevistas. Que es lo que tienen ese tipo de situaciones, que al ser imprevistas no pueden tener una respuesta previamente contemplada.

Va siendo hora de trabajar de verdad, con determinación, compromiso y recursos para que la obtención de energía proceda de métodos que no pongan en riesgo a un pedazo del planeta y a todo lo que vive en él, por remoto que parezca el riesgo. Entretanto, y mientras a los tibios políticos de turno les tiembla el pulso y son incapaces de cerrar los peligrosos artefactos atómicos que hace decenios tendrían que estar desmantelados, a nosotros sólo nos queda encomendarnos a la madre Tierra para que, a ella, no se le ocurra temblar.
Que las fallas no nos fallen. Y que la fuerza telúrica nos acompañe.

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Se puede seguir la última hora en Japón a través de la emisión en directo de NHK-world. La televisión pública japonesa en inglés.