
Cuando la vida se arremolina hay que elevarse con ella por los aires sin temor y disfrutar de los paisajes aéreos donde confluyen las nubes, los pájaros, los satélites y otros seres que se dejaron volar. Debe uno despedirse de lo que quedó en tierra sin tristezas y saludar efusivamente a las esperanzas, que siempre andan por las alturas dispuestas a guiar nuestro viaje.
Las esperanzas son imprescindibles para alumbrar las estrellas y ver, en todo momento, la luna medio llena.
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