jueves, 15 de noviembre de 2007

Libres

Según las definiciones enciclopédicas, la palabra libertad designa la facultad del ser humano que le permite decidir llevar a cabo o no una determinada acción. Este estado define a quien no es esclavo, ni sujeto ni impedido al deseo de otros de forma coercitiva. En otras palabras, lo que permite al hombre o a una mujer decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos.

También puede definirse como la capacidad de autodeterminación de la voluntad, que permite a los seres humanos actuar como deseen.

Una palabra y tanto significado. Son malos tiempos para muchas libertades: la de expresión y la de prensa, vapuleadas si más, como hemos comprobado recientemente tras un juicio tan surrealista como lo es el secuestro de una publicación humorística en un estado democtrático entrados ya en el siglo XXI. Son malos tiempos también para muchas libertades colectivas: sin poder acceder a un trabajo, o a una vivienda dignos se hace difícil dar rienda suelta a las libertades individuales, las de cada uno.

Ser libres en todos los àmbitos: en el de las relaciones con el mundo y en las privadas debería ser el punto de partida necesario e irrenunciable para afrontar el complicado reto de ser feliz, o intentarlo al menos. Pero para ser libres hay que empezar por romper los muros propios, los que levantamos por miedo al riesgo, a lo desconocido, a lo que no controlamos. Ser libre requiere cierta dosis de valor.

Renunciar a propia la libertad es condenarse a la infelicidad y a la frustración. Es dejar de ser uno mismo. Es dejar de ser.

No hay comentarios: