Un rosa al pie de una escultura recordaba, en la plaza del Ayuntamiento de Tarragona, a la última mujer asesinada por un hombreSe llamaba Sanae y ha muerto a cuchilladas esta pasada noche en la ciudad que recorro a diario. En una calle céntrica por la que habré pasado centenares de veces sin imaginar que en ese mismo lugar podría morir una mujer apuñalada a manos de un hombre. No la ha asesinado su pareja o ex-pareja, por eso el caso no lo lleva un juzgado especial de violencia contra la mujer. Quizás no se incluya en las estadísticas de muertes por violencia de género. Eran sólo conocidos. Y sin embargo, representa el máximo exponente de ese tipo de agresiones. Según la familia, su asesino la acosaba porque quería establecer una relación sentimental y ella se negaba. Así que "mía o de nadie". ¿Puede haber otro ejemplo más claro de violencia machista?.
Me cuesta pasar por los sitos en los que alguien ha dejado de vivir. Tengo la sensación de que queda algo de sus seres allí, sobre todo si han muerto de forma violenta, y me incomoda invadir ese espacio que ha acogido un acto tan íntimo y a la vez tan doloroso. Me revuelven el cuerpo las cruces con flores que te encuentras en una carretera por la que circulas despreocupadamente, quizás hablando de banalidades. De repente, aparecen y sientes una sacudida. En el asfalto de esa calle de Tarragona donde anoche murió acuchillada Sanae aún debe haber parte de su dolor, de su sufrimiento y de su impotencia. Así que no creo que pase por ahí durante algún tiempo. Aunque eso no sirva, ni lo pretenda, para mitigar mi rabia, que es mucha.

1 comentario:
¡Impresionante!
¿Hasta cuándo?
Abrazos
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